Fernando Lira.

Venezuela vive una gran conmoción y tristeza por una situación ocurrida, donde fueron ultimado unos venezolanos de la manera más vil y baja, donde los derechos humanos y la democracia quedaron en el olvido y solo se le dio paso al odio y la venganza.

Hoy queremos dedicar este espacio a la muerte de unos venezolanos que dieron literalmente su vida por brindar a toda la población venezolana un país mejor, un país con futuro claro y calidad de vida. Pero tristemente eso no fue posible ya que hay carencia de una sociedad y una oposición con los pantalones bien puesto.

En lugar de tener ciudadanos dispuestos a luchar, parece que gran parte de la población venezolana esta adormecida, resinada a vivir sin comida, sin medicinas, con un salario por el piso, con largas colas… y con regalos o como lo llama el gobierno “bonos” sin merecerlos para seguir alimentando a una población de flojos y delincuentes, ojo es importante no entrar en la generalización pero es una situación en gran parte de la población.

Poco cabe agregar a lo que se ha denominado por muchos como la “la masacre de El Junquito” y a propósito de ello queremos compartir una dura critica que leí en un importante medio de comunicación impresa del país, en el cual refleja que uno de los más sórdidos capítulos de esta tragedia: la obsecuencia, la cobardía y la bajeza con las que se han comportado los bustos parlantes y los escribidores de la MUD y sus amos, los propietarios de los medios radiales, televisivos e impresos en la Venezuela de la decadencia.

Es importante recordar que desde el año pasado se han presentado un gran número de muertes en especial de jóvenes venezolanos con esperanza de un cambio, las muertes más resientes son las de Oscar Pérez y sus compañeros de lucha.

Los autores intelectuales se estarán sobando las manos. Como lo señala Ibsen Martínez: “Para acrecentar el agobio, el horror y la desesperanza, estas muertes, que se suman al más de un centenar que el año pasado causó la dictadura, han ocurrido durante el receso de los vergonzosos diálogos de Santo Domingo…

… Eso explicaría el cauto silencio que la MUD prolongó todo cuanto pudo ante el asesinato de Pérez. Su prioridad era vindicar la justeza de su misión en Santo Domingo, no hacerle olas al dictador”. Qué Dios les de fortaleza a todas esas madres que han perdido sus hijos en luchas y batallas.

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