Jessica Jaramillo

La poca credibilidad de cada institución o lo que debería de ser una institución, rueda por el suelo. Claro que eso le interesa al régimen, así como le interesa la devaluación del sufragio, la desesperanza que cultiva en la población, las contradicciones evidentes de la oposición para el llamado diálogo dominicano, pero el riesgo está en fundir todo, llegar al desastre y que no posea quien oriente a la ciudadanía.

Deben moverse en el desánimo de una crisis humanitaria sin precedentes; sin remover en la económica que incluye la referida escasez de dinero en efectivo y la hiperinflación, acompañada de una disminución en la producción de nuestra única fuente de ingreso tangible como es la petrolera.

El cortocircuito general comienza de manera institucional, ya que la materia electoral, con su propio perfil y especificidad, se desenvuelve en forma aislada, haciendo caso omiso de las otras materias. La materia económica dice el régimen resolverla mediante las grandes Genialidades de los Diputados Constituyentitas y a través de los precios acordados, cuando todo el mundo sabe que el desastre es el del modelo económico.

La adulterada constituyente, que quita las funciones de la Asamblea Nacional, dicta una ley constitucional para los precios, con olvido de su misma y cuestionada naturaleza, sin que pondere la realidad del problema económico; por el contrario, lo empeora. Los dirigentes políticos de ambas aceras intervienen y desarrollan una estrategia que, en verdad, es táctica para cada ámbito, sin desarrollar una estrategia general y concertada.

Además, existe el agravante de que del lado del Gobierno se presenta una sola voluntad: la de Maduro Moros, y nadie puede chistar. Aunque se saben de episodios como el de Lacava y Ameliach a los que creen haberle echado tierra u otros que se escuchan y pasan desapercibidos.

Por lo que se observa, no saldremos tan pronto del cortocircuito actual. Sin embargo como en la vida todo tiene solución, retomar el camino unitario, la única forma de enfrentar nuestro oponente, que escasea de tono democrático, es reconocer nuestros errores, dar el brazo a torcer y tomar en cuenta a nuestros aliados. Y, así, unidos y fortalecidos, solventaremos todos aquellos errores que nos llevaron a esta falla.

Para resolver en un futuro muy cercano el nexo principal que representa el modelo político que ya casi alcanza 20 años de destrucción de nuestra hermosa Venezuela.

 

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