Thais Hernández.

Se agrava la situación económica de la familia venezolana. Y el Gobierno, que es el primer responsable, hace caso omiso de la tragedia que atraviesa la población. Enfrascado en una lucha política que no es la prioridad de la ciudadanía. Su prioridad nada tiene que ver con la Constituyente. Entre sus cuatro necesidades principales se encuentran los problemas de escasez de alimentos y medicinas, la espiral inflacionaria, los bajos ingresos familiares y la inseguridad de bienes y personas.

Alrededor de esos problemas pasa la vida de angustia y desasosiego el venezolano común. Se pudiera decir que un tercio de los chavistas piensan igual. Son tan víctimas como cualquier otro. Sienten y padecen igual. En fin, el drama nacional de crisis y miseria ha colocado a los habitantes de este país en una encrucijada, donde la lucha por la alimentación y la salud les ha retrotraído a etapas que se creían superadas.

Los servicios públicos son un desastre y la capacidad de repuesta de quienes gobiernan a las demandas de los ciudadanos es cargada de ineficiencia y corrupción. Su incapacidad para resolver los problemas sociales y económicos y su desconocimiento de las soluciones y propuestas. Todo es tan mal ejecutado que en las mismas viviendas construidas y asignadas hay un descontento generalizado.

Un país gobernado de forma improvisada sobre el fracaso de planes y programas se monta otros cada día que corren la misma suerte de la ejecución desordenada, atropellada y asistemática. Una administración pública altamente burocratizada. Obedece primeramente a las líneas y actividades partidistas antes que a las funciones y deberes en su condición de servidores públicos. El trato con los ciudadanos es déspota, inhumano e irrespetuoso, inculto y hasta indignante.

El gran problema actual del gobierno es su alto nivel de impopularidad. Alrededor del 80% de los electores quieren cambio del Gobierno. No ha gobernado para el país, Gobiernan para un grupo de los más necesitados. Así se le ha ido el respaldo popular. Porque han sido tan deficientes en la ejecución de esos programas que siempre dejan descontentos entre los beneficiarios.

En ellos, campea la exclusión y el favoritismo, tanto como la corrupción y el engaño. Con este grado de impopularidad es poco probable que el electorado respalde mayoritariamente el proyecto de la Constituyente. Su estrategia política, pero no es igual para la gente que lucha a brazo partido para alimentarse, adquirir medicinas y protegerse de la delincuencia.

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