Washington, 18 feb.- Estados Unidos aumentó la presión sobre Venezuela al pedir “un proceso democrático” y la liberación de los “presos políticos”, el tercero de los movimientos del Gobierno de Donald Trump sobre la nación suramericana en una semana.

En un comunicado del Departamento de Estado, EE.UU pidió la liberación de las “más de 100” personas presas en Venezuela “por sus convicciones políticas”, entre ellas el líder opositor Leopoldo López, quien cumple tres años en la cárcel.

Trump ya exigió la libertad de López este miércoles tras reunirse con su esposa, Lilian Tintori, en la Casa Blanca, dos días después de que su Gobierno impusiera sanciones económicas al vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, por presunto narcotráfico.

El comunicado de este día, firmado por el portavoz interino del Departamento de Estado Mark Toner, es, por tanto, el tercer paso significativo del Gobierno Trump en solo una semana sobre su política hacia Venezuela.

EE.UU. está “consternado” no solo por “los presos políticos” sino también por “otras acciones tomadas por el Gobierno de Venezuela “para criminalizar el disentimiento y negar a sus ciudadanos los beneficios de la democracia”, según la nota.

Así, el Gobierno de EE.UU llama “a la inmediata liberación de todos los presos de conciencia”, pero también al “respeto del Estado de derecho”, “la libertad de prensa”, “la separación de los poderes constitucionales” y “la restauración de un proceso democrático que refleje la voluntad del pueblo de Venezuela”, sin precisar más al respecto.

En la nota, EE.UU cita algunos “presos políticos”: el fundador de Voluntad Popular (VP) Leopoldo López, el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma y el exalcalde de San Cristóbal Daniel Ceballos, así como “muchos otros estudiantes, activistas, periodistas y manifestantes pacíficos”.

Durante la campaña electoral, Trump no dio pistas sobre su política hacia Venezuela, más allá de expresar su “solidaridad con los pueblos sufridos de Cuba y Venezuela” y prometer a los exiliados de ambas naciones en Florida luchar “contra la opresión de los regímenes de (Raúl) Castro y Maduro”.

Pero los movimientos de esta semana indican “que el Gobierno de Trump está tomando una posición pública más dura con el régimen de Maduro que el Gobierno de Obama”, indicó Michael Shifter, presidente del centro de estudios Diálogo Interamericano.

También es significativo que, en los últimos días, Trump haya hablado de la situación de Venezuela, por separado, con los presidentes de Perú, Colombia y Argentina, según las informaciones oficiales sobre sus llamadas telefónicas.

Durante sus audiencias de confirmación en enero, el secretario de Estado de EE.UU, Rex Tillerson, prometió “urgir a la cooperación estrecha” con los “amigos” de EE.UU en la región y con “organismos multilaterales como la OEA” para “buscar una transición negociada hacia un Gobierno democrático en Venezuela”.

“Creo que estamos de acuerdo completamente en la calamidad que ha ocurrido en Venezuela”.

“En gran medida, producto de su incompetente y disfuncional gobierno, primero bajo Hugo Chávez y después bajo su sucesor designado Nicolás Maduro”, afirmó entonces.

El nuevo jefe de la diplomacia estadounidense tuvo una tensa relación con el Gobierno del fallecido Chávez cuando era director de la petrolera Exxon, compañía que, tras disputas y litigios, abandonó el país después de la nacionalización del sector petrolero en 2007.

Republicanos y demócratas en el Congreso apoyan, según Shifter, que EE.UU adopte una posición más dura frente a Venezuela porque “cada vez están más preocupados por el deterioro de la situación en Venezuela y frustrados con el régimen de Maduro”.

La semana pasada, un grupo bipartidista de 34 legisladores envió una carta a Trump para pedir más presión sobre el Gobierno de Venezuela con la imposición inmediata de sanciones a funcionarios que “están beneficiándose con las violaciones de derechos humanos”.

Esa misiva fue el primero de una serie de movimientos que se han dado en Washington en las últimas dos semanas y que han devuelto protagonismo a la crisis venezolana en EE.UU, eclipsada durante el arranque de la Presidencia Trump por el choque con México a cuenta del muro fronterizo.

Maduro, que dijo en enero que Trump no podría ser “peor” que Obama y criticó la “campaña de odio” en contra del magnate, evitó esta semana salir en tromba contra el presidente, como sí hizo en otras ocasiones contra Obama y otros líderes críticos con su Gobierno.

“Maduro ha buscado una especie de pacto de no agresión con Trump, basado, quizás, en la tesis de que Trump es un hombre de negocios que ha dado indicaciones de que basaría su política exterior en el principio de ‘transaccionalismo amoral’, pero pareciera que esta política no incluye a la izquierda latinoamericana, dijo Michael McCarthy, profesor de la Universidad George Washington.

Está por ver ahora cómo articula Estados Unidos su política hacia Venezuela en una región a la que preocupan y afectan tanto sus políticas migratorias como su orden de construir “un gran muro” en la frontera con México.

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