El Flame Festival de Nueva York, una misma llama para el jazz y el flamenco

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Fotografía sin fechar cedida hoy, sábado 16 de agosto de 2014, por la organización del Festival de Jazz Flamenco de Nueva York que muestra a la cantante y compositora española Rebeca Vallejo. EFE/Matthew Simpkins/FESTIVAL DE JAZZ FLAMENCO/Solo uso editorial

Nueva York, 18 ago (EFEUSA).- El jazz y el flamenco son géneros musicales del lamento y la improvisación, pero ahora nace el certamen que los hermana definitivamente, el Flame Festival de Nueva York, donde cuatro artistas españoles residentes en la ciudad muestran el resultado de su mestizaje musical.

El café del West Village Cornelia Street, se ha convertido este fin de semana en la sede de este diálogo bajo la batuta de Rebeca Vallejo, a su vez cantante y compositora que cerró con su actuación el festival el domingo.

“Flame”, que significa llama en inglés, pero también sirve de apócope de flamenco, reunió en su programación al guitarrista y compositor Albert Alabedra, acompañado de la cantante Noemí Pérez, y el sábado a Nacho Arimany, un auténtico hombre orquesta.

Alabedra, autodidacta barcelonés que grabó su último disco en Brooklyn, bebe más de la escuela flamenca catalana, influenciada por la rumba pero “lo fusiona con ‘funk’, con variaciones de jazz. Es un músico de flamenco de guitarra clásica pero con otras inquietudes de expandir el género”, explica Vallejo en una entrevista con Efe.

Por su parte, el madrileño Arimany, que empezó a los seis años tocando el piano en la orquesta de Radio Televisión Española y acabó acompañando a Joaquín Cortés, ha ido evolucionando, viajando y “se ha nutrido de ritmos de todas las partes del mundo donde ha viajado”, hasta formar un set de percusión “lleno de cachivaches, calabazas y ritmos corporales”, según Vallejo.

A pesar de que el flamenco se ha fusionado con otros muchos estilos, como demuestran las colaboraciones de Paco de Lucía con Chick Corea o de Bebo Valdés y el Cigala, según Vallejo “la técnica flamenca es muy difícil de mezclar con nada más”.

“Por eso yo a esto lo llamo jazz-flamenco y no flamenco-jazz, porque la base viene del jazz y el flamenco son los adornos por encima. Eso, al menos, desde el punto de vista vocal”, asegura.

Vallejo, por su parte, es quizá la menos flamenca de los cuatro, pues ha actuado en escenarios como el Carnegie Hall en Nueva York o el Kennedy Center de Washington y había repudiado en un principio sus raíces flamencas para dejarse seducir por el prestigio del jazz.

“Vengo de familia de cantaores de muchas generaciones pero me he educado como cantante de jazz. El flamenco me dio mucho miedo, me imponía demasiado, era tan complicado… Cuando era pequeña y veía estas actuaciones de Camarón, decía, ‘¿por qué sufre tanto?”,

No obstante, después de formarse en Estados Unidos como cantante de jazz con Sheila Jordan, “las raíces te agarran a través del cuello en plan ‘boomerang’ y te das cuenta de que tienes un pasado y es muy interesante explorarlo”, reconoce, algo que hizo con una beca en la Fundación Cristina Heeren.

“Canté flamenco un mes y me di cuenta de las diferencias. Y creo que se fusiona mejor este guiso con base de jazz como hilo conductor. Cuando empecé a estudiar flamenco a fondo lo primero que vi es que el elemento improvisatorio flamenco no es tanto como yo pensaba y el jazz proporciona otro tipo de libertad armónica y musical”, explica.

La idea de crear el que es el primer festival de fusión jazz y flamenco de Estados Unidos surgió de varias sesiones de conciertos que había organizado en el Cornelia Street Café y que, dado su éxito, le hicieron pensar en proponer algo más elaborado.

“La idea original de este concepto no es mía al cien por cien. Ariadna Castellanos (que publicó el disco ‘Flamenco en Black and White’) cuando vivía en Nueva York y los dueños de Cornelia propusieron hacer algunos conciertos con esa mezcla de flamenco fusión. Ella llamó a la serie “los flame”. Cuando volvió a España, se quedó colgado el concepto”.

Ahora, esa “llama” renace como un festival con una vocación clara: “Queremos abrir puertas y crear puentes culturales. Algunas cosas nos recordarán a nuestras raíces… y otras cosas nos llevarán mucho más lejos”, concluye.

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