Zulay Hernández.

Escribir y escritura son dos términos íntimamente relacionados que están presentes durante el proceso de producción textual; cada uno engloba acciones particulares que a su vez son complementarias.

Escribir para ser. No se trata de una habilidad espontánea como hablar, conversar, ya que quien escribe no redacta un texto de manera impulsiva o sin razón, sino que está presente un esfuerzo de construcción que responde a la reflexión sobre una situación comunicativa en particular. Escribir, entonces, no solamente es la manifestación externa de la acción, sino que tal acción es el resultado de un complejo proceso de conocimiento que requiere de una práctica consciente por parte del escritor.

Una de las acepciones del término escritura es la que presenta el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) en el que señala que proviene del latín scriptura y significa – por una parte – “acción y efecto de escribir” y por la otra “ sistema de signos que se utilizan para escribir”. De acuerdo con ello, la escritura es la acción que el sujeto realiza para representar sus ideas y pensamientos a través de signos y símbolos.

La escritura también hace referencia a un acto que va más allá de una representación gráfica, ya que al escribir el sujeto traduce y plasma sus representaciones mentales, bien sean ideas, pensamientos e impresiones en un lenguaje gráfico capaz de transmitir una información en un discurso escrito coherente y que obedezca a una intención específica. La escritura, por tanto, es concebida como una de las más valiosas adquisiciones del ser humano, pues se convierte en la herramienta esencial que permite la comunicación.

La escritura es una herramienta empleada en todos los ámbitos de la vida, es un acto de comunicación que se utiliza con múltiples y variados propósitos, que no necesariamente responden a exigencias educativas o laborales. Requiere, eso sí, de la activación de diversos procesos mentales. Por ello, para establecer el propósito de lo que se va a escribir es necesario responder ¿para qué voy a escribir? y ¿a quién voy a escribir?, preguntas necesarias para iniciar el proceso de producción del texto escrito. Escribo, luego existo.

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