Madrid, 18 jun.- Iván Fandiño se ha convertido en el segundo torero español en morir de una cornada en lo que va de siglo, una muerte “inevitable”, según los doctores franceses, y en las próximas horas sus restos viajarán al País Vasco, a Amurrio y posteriormente a su Orduña natal, donde recibirá el último adiós.

Los médicos que le atendieron nada pudieron hacer por su vida, según el profesor Poirier, jefe de servicios del hospital “Layné” de Mont de Marsan (Suroeste de Francia), confesaba que Fandiño entró a la enfermería “prácticamente sin pulso, el hígado le había reventado y la vena cava había sido también seccionada” por el pitón de “Provechito”, de Baltasar Ibán.

Fandiño murió en el traslado en ambulancia entre Aire Sur L’Adour y Mont de Marsan, en el transcurso de los 33 kilómetros que separan ambas ciudades, tras no superar un segundo paro cardiaco y después también de sufrir un importante derrame interno, que le llevó a acumular “tres litros y medio de sangre negra proveniente de las glándulas hepáticas”, remarcaba Pairier.

La defunción fue certificada alrededor de las 21:30 de la noche, hora española, casi noventa minutos después del fatal percance, aunque el galeno francés insiste en que la muerte era “inevitable”, pues los daños que sufría en hígado, riñón y pulmones eran “irreversibles” y ni en la enfermería de la plaza ni el hospital hubieran podido hacer nada por salvarle.

El torero de Orduña (Vizcaya), de 36 años, fue corneado mortalmente por el toro “Provechito”, número 53, negro de capa, nacido en marzo de 2013, y perteneciente a la ganadería de Baltasar Ibán.

El diestro perdió pie al ser arrollado por el animal al tratar de instrumentar un quite por chicuelinas y, una vez en el suelo, le metió el pitón por el costado derecho.

La gravedad del percance se advertió casi en el mismo momento en el que las cuadrillas trataron de levantarle del albero, tanto que el propio Fandiño llegó a decirle al matador francés Thomas Dufau: “Que me lleven rápido al hospital que me estoy muriendo”, a la postre, las últimas palabras que pronunció el espada vasco antes de fallecer.

La triste noticia corrió como la pólvora.

En Madrid, donde se celebrara la Corrida de la Cultura, el fatal desenlace cayó como un jarro de agua fría.

Los rumores sobre la muerte de Fandiño lo inundaron todo, como en Granada, donde los diestros David Fandila “El Fandi” y Roca Rey, visiblemente emocionados, rehusaron a salir a hombros en señal de duelo.

Centenares de mensajes de condolencias poblaron las principales redes sociales.

Los primeros fueron los Reyes de España: “Nuestro sentido homenaje y nuestro recuerdo para Iván Fandiño, gran figura del toreo”, aseguraban don Felipe y doña Leticia a través del twitter de la Casa Real.

También el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los ministros de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo; de Interior, Juan Ignacio Zoido; y de Defensa, María Dolores de Cospedal, además de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, se han sumado a la multitud de muestras de dolor por la pérdida del torero vizcaíno.

La familia del toro ha sido la más apesadumbrada.

Prácticamente todos sus compañeros de profesión han mostrado su “consternación” por la triste noticia.

Desde Enrique Ponce, que calificó a Fandiño de “torerazo” a otras figuras del toreo como el francés Sebastián Castella, Alejandro Talavante, Miguel Ángel Perera, Roca Rey, José María Manzanares o Francisco Rivera Ordóñez, cuyo padre, “Paquirri”, murió también en un contexto muy parecido, hace ahora 23 años, y con la misma edad.

Amigos personales como el Fandi, Manuel Escribano, el mexicano Joselito Adame, Curro Díaz, Antonio Nazaré, Rafaelillo, Diego Urdiales o el colombiano Juan de Castilla, quien consideraba a Fandiño como su “mentor”, no daban tampoco crédito a lo ocurrido, así como otras personalidades ajenas a lo taurino como el tenista Feliciano López o el jugador del Real Madrid, Nacho Fernández.

Desde Ecuador, país natal de su esposa, Cayetana García Barona, con quien se casó en 2014 y con quien tenía una hija de poco menos de dos años, llegan los mensajes de dolor, personificados en los matadores de toros Martín Campuzano y Álvaro Samper, quienes califican de “pesadilla” tan funesto desenlace.

Fandiño se ha convertido en el segundo torero español en morir en las astas de un toro en lo que va de siglo después de que Víctor Barrio perdiera también la vida hace ahora un año, el 9 de julio pasado, en la plaza de toros de Teruel.

Sus restos mortales serán trasladados bien entrada la tarde al tanatorio de Amurrio (Álava) donde será velado, hasta recibir el último adiós, “posiblemente mañana”, en la vizcaína Orduña, localidad natal de un torero de ascendencia gallega -sus padres, Paco y Txaro, son gallegos- y él era alcarreño de adopción.

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