Venezuela vive una dura realidad y el pueblo está tardando mucho en reaccionar a la misma, apartando el problema socio económico tenemos tres posiciones al nivel político si queremos darle una categorización y estos son: el Gobierno, la oposición y los enchufados.

Todos sabemos que el Gobierno tiene por objeto dirigir, controlar y administrar las instituciones del Estado, como regular una sociedad política y ejercer autoridad, la oposición es más que necesaria, porque canaliza la opinión pública y, al mismo tiempo, forma opinión.

Los enchufados son como los parásitos, y en los últimos años se ha convertido en un modismo venezolano para referirse a una persona corrupta, que sin necesidad de pertenecer a la burocracia estatal obtiene o consigue de este acceso a permisos o contratos que solo aquellos puedan dar, logrando un monopolio en la práctica o una posición de dominio en contra del resto de la sociedad. En pocas palabras, son personas que consiguen las cosas por sus conexiones y no por méritos.

Es justamente el tema de los enchufados a los que muchos venezolanos se refieren al Gobierno actual como un mal Gobierno, ya que se ha caracterizado por convocar y tener dentro del círculo cercano a personas carentes de experiencias y conocimientos, y la justificación para ocupar un determinado cargo son las credenciales políticas, es decir, la adhesión y la incondicionalidad hacia la persona o hacia el grupo, que le permiten un ascenso económico y social, sin importar la situación país.

Y lo que hemos visto durante más de una década es un gobierno integrado por ciudadanos cuya meta principal ha sido en su mayoría utilizar su paso por el Gobierno, que supone transitorio, para lucrarse tanto como puedan, aprovechando para ello las muchas oportunidades que su cargo les genera, luego huyen del país y por contradictorio que pueda llegar a perecer muchos se ubican en Miami, Estado Unidos, nación que tanto condenan y critican, pero la cual adoran para vivir y disfrutar.

Un gobernante debe aprender de rodearse de profesionales con conocimientos, experiencias y en especial de deseo por ver su país desarrollo desde todo de punto de vista y con una economía estable que le permita a la población la “calidad de vida – para vivir bien”, de la que tanto hablan y de la cual carecemos.

El presidente de la República al igual que el gabinete debe tener la capacidad de administrar eficientemente los recursos materiales, financieros y humanos que se le confían, para que obtenga los resultados que se esperan.

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