La Habana, 16 abr.- Después de casi 60 años, los históricos de la Revolución cubana dejan por primera vez el mando a una generación que no participó en la lucha, un relevo que se espera institucionalizado y con el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, de 57 años, como favorito para suceder de Raúl Castro.

A solo dos días del 18 de abril, cuando comenzará la sesión para constituir la nueva Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) que designará al próximo mandatario de la isla, pocos tienen dudas de que el elegido será Miguel Díaz-Canel, número dos del Gobierno desde el año 2013.

Díaz-Canel (Santa Clara, 1960) comenzó su carrera política en su ciudad natal, donde llegó a ser primer secretario del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal) en los tiempos duros de la crisis de 1990, gestión por la que todavía es recordado y alabado.

Este ingeniero electrónico comenzó a despuntar tras ser designado ministro de Educación Superior (2009-2012) y en 2013, elevado al rango de “número dos” del Gobierno de Raúl Castro, con lo que se convirtió el primer cubano nacido después del triunfo de la Revolución en alcanzar ese puesto.

Forjado en las bases del PCC y con una trayectoria de ascenso sostenido y discreto, su “cercanía a la gente” y la “capacidad para estar donde haga falta” son las principales cualidades que sus compatriotas tienen en cuenta para asegurar que Díaz-Canel sería el “candidato ideal” a la Presidencia de Cuba, según declaraciones recogidas por Efe.

Pese a su discreción pública, a mediados de 2017 el grupo opositor cubano Estado de Sats publicó un vídeo filmado en un encuentro con funcionarios del PCC donde el dirigente se mostraba mucho más duro, al criticar a EE.UU y denunciar la actividad “subversiva” de entidades extranjeras y medios alternativos cubanos.

De convertirse Díaz-Canel en el próximo presidente de la isla se prevé una etapa de continuismo de las políticas de Raúl Castro, que en sus doce años de mandato (los dos primeros de forma interina por la enfermedad de su hermano Fidel) acometió un proceso de “actualización” económica e institucional en el sistema socialista cubano.

El propio Raúl Castro anunció hace años la necesidad de prepararse para el relevo generacional en la dirección del país y durante su mandato han emergido otros dirigentes más jóvenes que los “históricos” que han ocupado destacados puestos en el gobierno y el partido.

Entre ellos figura el actual canciller, Bruno Rodríguez (60 años), la cara más visible de la isla hacia el mundo y un político con una carrera en ascenso en la Juventud Comunista (UJC), el PCC y el ministerio de Exteriores, que preside desde 2009.

Visto como un diplomático serio, leal y confiable, Rodríguez se ha anotado varios tantos con la reanudación de los nexos diplomáticos con Estados Unidos y la firma en 2017 de un acuerdo bilateral con la Unión Europea, que puso fin a la “posición común” que limitaba seriamente la relación entre Cuba y el bloque comunitario.

Otras caras del relevo generacional en las estructuras del poder han sido dirigentes del PCC como el primer secretario de Santiago de Cuba (este), Lázaro Expósito (63 años); el de Camagüey (centro), Jorge Luis Tapia (55 años), o la de La Habana, Mercedes López Acea, muy populares por sus gestiones en sus respectivas provincias.

Con la desaparición de Fidel (1926-2016) y la salida de Raúl Castro de la Presidencia a los 86 años, concluye una era en la isla comunista, que desde 1959 siempre tuvo a un gobernante con ese apellido, algo que ya no se repetirá según aseguraba a la prensa a inicios del año pasado Mariela Castro, 55 años, hija del presidente.

Desde el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), la miembro de clan Castro Espin con mayor proyección pública ha impulsado cambios en favor del colectivo LGTBI y ha ganado reconocimiento, aunque en varias ocasiones ha negado categóricamente que pretenda buscar la posición que ahora deja libre su padre.

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