Zulay Hernández.

Cuando el niño aprende estrategias equivocadas para conseguir cosas, aprenden a manipular, convirtiéndose en un hábito. De hecho, especialistas consideran que basta con que ocurra una vez para que el niño tenga la confianza suficiente para intentarlo cada vez que sea necesario.

Los niños manipuladores casi siempre se manifiestan entre los 2 y 5 años de edad, pues aprenden que a través del llanto puede moldear la voluntad de los que están a su alrededor. De este modo, es común observar que cuando algo no sale como el niño esperaba o al contradecirlo muestre rabietas, gritos, lloros, se tire al suelo y patalee, intente pegarle a los padres, también es frecuente que tire objetos al suelo y otras veces se desahogue rompiendo algún juguete o cualquier objeto.

Es importante acotar, que los padres se pongan de acuerdo, debido a que suele suceder que el papá dice no, y el niño va donde la mamá y le dice sí, o viceversa. Entre algunas causas de por qué los niños manipulan están: la falta de límites, dar libertad de decisión al niño es una medida adecuada para su formación, pero también es indispensable que los padres hagan hincapié en el respeto a las normas de convivencia a la vez que no toleran actitudes de violencia, abuso y caprichos sin sentido.

Los niños necesitan una guía adecuada para su conducta, y la clave para lograrlo consiste en fijar límites con base en explicaciones coherentes y buen ejemplo. Es muy importante que al llamar la atención se indique que el padre está en desacuerdo con el comportamiento.

Los psicólogos señalan que cuando los padres están muy enojados castigan con mayor severidad y pueden perder objetividad, por lo tanto es necesario conducirse con calma, tomar aire profundamente antes de reaccionar, mostrando así al niño, con el ejemplo, que una conducta fuera de control no tiene razón de ser. Así, ante una rabieta o un berrinche conviene que el padre reflexione un poco antes de hablar, se serene y pregunte a su hijo: que le sucedió y que así no conseguirá todo en la vida.

La única manera para cortar la manipulación es no ceder, es decir, la manipulación existe cuando los padres la permiten. Por ello, deben ser constantes y consistentes para no entrar a ese círculo vicioso, de no cambiar, puede afectar la convivencia del pequeño en el futuro, ya que tendrá serios problemas en sus relaciones sociales, además de que su desempeño escolar y hasta laboral puede volverse problemático.

 

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