La única ideología de los dictadores son sus intereses. La plataforma política y las ideas que defienden son tan importantes como el atuendo que usan cuando logran su objetivo; son excusas, accidentes, falsos argumentos y artificios que más que avalar una actitud correcta, buscan justificar lo que ya se tenía pensado hacer; es decir, primero el hecho: mis objetivos-intereses, luego lo fundamentamos teóricamente para disimular las ganas. Fidel, el símbolo comunista de América por varias décadas, definió su destino “ideológico” y político luego de reunirse con Nixon y posteriormente con Kruschev.

En ese momento, y a pesar de haber recibido asesoría y apoyo norteamericano para su intervención en el escenario geopolítico, prefirió cuadrarse con los rusos tomando partido por el bloque soviético; eso que pareció fundamental fue más bien circunstancial. Nadie puede decir que un dictador que condena a su país por 50 años en la miseria, tenía intenciones de hacer un Gobierno por el bien común y los intereses del pueblo cubano. Así también ocurre en latinoamérica con la moda de las ideologías socialistas, mucho más elegantes ahora que el nazifacismo, sin embargo, para efectos de un pueblo arruinado y con múltiples y crecientes problemas, es lo mismo.

El poder corrompe, lo ha dicho mucha gente. Creo que una sociedad moderna, sea cual sea, no puede permitir que a pesar de la globalización y los niveles de comunicación alcanzados, su destino dependa de una sola persona. Ahora más que nunca el equilibrio de poderes debe ser un imperativo categórico para los sistemas de Gobierno de todo el mundo, sean del color que sean. La sistematización e institucionalización, los marcos legales y el sistema judicial, deben ser cada vez más y absolutamente independientes, fuera de cualquier presión y mucho más si esta viene del poder ejecutivo.

El comprobado poder mediático que está al alcance de las grandes corporaciones inclina la opinión pública de un lado a otro con facilidad, y producto de que esto se justifica públicamente las conductas más irracionales, mediáticamente fundamentadas. Por esta razón los equilibrios de poder, teóricamente discutidos, aceptados y defendidos, son cada vez más necesarios. En Venezuela estamos apostando por un Gobierno que ya tiene 18 años, y que la idea es estar unos años más. Los gobiernos (no solo este) quieren que se les evaluara por sus intenciones y no por sus resultados.

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