La ley que facilita la concesión de la nacionalidad española a los descendientes de los judíos expulsados de España, en el aciago año de 1492, nos recuerda los vínculos históricos entre el moderno Estado de Israel y el llamado Reino de España.

La historia es un puente que une o separa a los pueblos, las naciones y sus diferentes culturas. Entre Israel y España hay un puente que ha permanecido a pesar de los avatares de la historia uniendo emocionalmente y espiritualmente a los judíos de la una y la otra parte del Mediterráneo. No se podría comprender la historia de la moderna nación de Israel sin mirar al otro lado del puente, en el cual se sitúa geográficamente España.

La Embajada de Israel en Madrid tiene, entre otros vínculos de comunicación, su “Newsletter” denominada El Puente. El objetivo es servir de nexo de comunicación, entre dos pueblos, que comparten tantos lazos comunes, aunque no se visualicen a simple vista. La cultura española está saturada de cultura judía. La gastronomía, la música, las costumbres y otros muchos aspectos de la sociedad española están impregnados de identidad e idiosincrasia judía. Los españoles en general son más judíos de lo que se piensan. En algunos estudios genéticos se afirma que el veinte por ciento de los españoles tienen ascendencia judía.

La expulsión de los judíos españoles, conocidos como sefarditas, llevó a un gran número de ellos por todo el mundo. La diáspora de los sefarditas marcaría el destino de miles de familias judías, en su forzada marcha. El destino de España, huérfana del tesoro cultural y espiritual más importante de su historia, quedó sentenciado.

No hay que olvidar que un buen número de judíos españoles se quedaron en España forzados por sus circunstancias personales y familiares. Muchos no podían emprender un viaje a lo desconocido sin dejar a enfermos postrados en cama, ancianos padres, recién nacidos o niños de muy corta edad, para los cuales un viajé así hubiera sido mortal. Muchos no han pensado en sus circunstancias y los han tachado de renegar de su fe. Algunos incluso, en una cruel forma de incomprensión, los han acusado de traidores. Muchos sufrieron el desprecio de sus compatriotas judíos y el odio mortal de sus compatriotas españoles. Cruel y lamentable situación se mire cómo se mire.

Los tiempos están cambiando y una nueva generación, en los dos lados del puente, está fomentando la amistad entre Israel y España. El antisemitismo no es que resurja en estos últimos años es que nunca ha dejado de existir. En contraposición la amistad entre Israel y España están alcanzando cotas desconocidas a pesar de las innumerables presiones de los BDS y los grupos de extrema derecha e izquierda. Un nuevo viento, impulsado por la historia común que nos une, está recorriendo la Península Ibérica. Un puente de comprensión que está cambiando la forma de ver a Israel y su importancia estratégica para el progreso de España.

No podemos quedarnos parados en el camino de la historia recordando los males pasados y rechinando los dientes de odio. Crucemos el puente que definitivamente une a dos pueblos, para que en la práctica sean uno solo. Todos necesitamos hacer nuestra parte por fomentar la comprensión hacia un Israel que está siendo objeto de continuas críticas y acusaciones posicionándonos a su favor. Nadie en su sano juicio tira piedras contra su propio tejado. Israel y Sefarad están unidos por el puente común de su historia. Cruza el puente, que te vincula históricamente con Israel, aunque te acusen de ser un agente sionista ¡Nada mejor te podrían llamar.

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