José Ignacio Rodríguez

Todos saben o deberían saber que Israel es conocido como el Pueblo del Libro. Una referencia a la Escritura, tan conocida cómo tan desconocida para una inmensa mayoría, que no percibe la riqueza integral, que guardan sus páginas.

El conjunto de documentos históricos, religiosos, judiciales, constitucionales, espirituales, éticos, morales, y me faltan palabras para poder describirlo, es eso y mucho más lo que se encuentra, en la conocida internacionalmente como la Biblia. La lectura de la Biblia, dicen los supuestos entendidos, que no está de moda. En toda la historia de la humanidad leer, sea lo que sea, nunca ha estado de moda. Las modas en términos generales son pasajeras, temporales y en muchos casos tan efímeras como el tamo, que se lleva el viento.

La cultura de los pueblos siempre ha venido y vendrá, independientemente de su soporte o formato, por saber leer y por leer que no es lo mismo. Sin lectura no hay cultura, ni bíblica, ni de ningún otro tipo. Aunque sólo se vive una vez, digan lo que digan algunos, sin lectura estamos muertos en vida. Con todo, por muchos libros de los que nos rodeemos, almacenemos o poseamos no por eso vamos a ser más cultos. El valor de los libros no está en la cantidad sino en la calidad de su contenido y siempre que los leamos. La conocida frase de que “el papel aguanta todo lo que le eches” es la mejor descripción de lo que podríamos tener en nuestras manos.

La referencia mundial al libro está contenida en el concepto, reiteradamente nombrado, como Biblia o el Libro de los Libros. Una biblioteca de un valor imposible de calcular, en un moderno soporte de papel y tinta encuadernado, que muchos tienen en sus estanterías, pero que pocos se atreven a leer. El Libro de Libros más reproducido en la historia de la humanidad pudiera ser en estos momentos de descreimiento, falta de fe y agonía del intelecto el menos leído.

Las grandes cifras de publicaciones impresas de la Biblia no se corresponden con las estadísticas que se hacen para saber el nivel de lectura bíblica, de una cierta sociedad. Unas encuestas en países que se jactan de una religiosidad, meramente de carácter cultural, que nos dicen han dejado en términos generales la lectura de la Biblia. Unas naciones en las cuales sus intelectuales se vanaglorian de su sabiduría y maestría, pero que nunca han leído la Escritura. En algunos de los llamados por el mundo gentil como seminarios bíblicos liberales se les dice a sus los estudiantes, que arranquen las páginas de la Biblia que no les gusten. Con este dato se puede entender mucho de lo que pasa en el mundo.

Un panorama perverso, en un tiempo peligroso, donde la jactancia, el orgullo y la arrogancia son el libro de cabecera, para una gran parte de la llamada moderna humanidad. En este oscuro estadio histórico, intelectual y religioso, la Lámpara que debe guiar a la humanidad está sin aceite y por tanto apagada. La torpeza de muchos dirigentes, tanto políticos como religiosos, por denostar la Biblia y su lectura está llevando a muchas naciones al desastre y al lago cenagoso del analfabetismo ético, moral y espiritual, de sus respectivos pueblos.

Israel que ostenta el título, y distintivo exclusivo, de Guardián de la Escritura es además el faro luminoso que indica el camino, a puerto seguro. Un pueblo designado desde lo Alto como el Pueblo del Libro. El Pueblo del Libro de la Alegría. Una desbordante alegría que se puede ver de forma especial, en este día de Simjat Torá. Una doble celebración anual de la alegría de poder leer la Escritura tanto en Shavuot, como en la ya nombrada Simjat Torá. ¿Qué Pueblo celebra dos veces al año la alegría de recibir, mantener, leer, estudiar y compartir la Escritura? Una nación que mantiene la responsabilidad de salvaguardar escrupulosamente, y de forma fidedigna, el legado del Cielo para toda la humanidad contenido en la Biblia.

En plena celebración de Simjat Torá apelamos a la conciencia y el intelecto espiritual para que renovemos la responsabilidad de la lectura, en este nuevo Ciclo de Lectura Anual de la Biblia. No se trata de tener una Biblia abierta en un lugar preeminente de la casa o en las saturadas librerías de nuestros respectivos hogares sino de mantener la Ley de la Libertad en nuestros corazones iluminando a este mundo vacío y oscuro, de falta de fe. Tal vez estas palabras te incomoden, eso espero, pues no en vano algunos me conocen como Incomodador de Conciencias ¡Feliz y alegre Simjat Torá!
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