La actividad política de hoy día no convence ni estimula a crear ciudadanos pensantes, justos, recíprocos, deliberantes y autocríticos, por primera vez en la historia millones de personas se van a la cama con hambre cada noche.

Entendiendo que la política es una actividad colectiva que tiene la aspiración de generar ciertos resultados o efectos en una comunidad de ciudadanos. La discusión se hace relevante en nuestros tiempos no tan sólo porque se encuentran disponibles datos actualizados e información medida de manera sistemática, que dan cuenta del hambre como efecto de las profundas desigualdades socioeconómicas.

Al interior de los países y entre los estados que componen lo que se conoce como el sistema internacional o mundo globalizado, sino también porque desde principios de los noventa se ha venido instalando un “tipo de votante” que ya no obedece a los clásicos patrones ideológicos, propios de la Guerra Fría. Un supuesto votante más “autónomo e independiente” que más bien piensa en su bienestar personal. Lo que no tiene nada de extraño en una realidad económica y sociocultural de gran expansión y despliegue del individuo como referente y espacio subjetivo de realización.

El problema radica en que dicho elector en términos generales siente un divorcio entre el bienestar social y el personal, que no son necesariamente contradictorios. En definitiva no piensa posible que se pueda mejorar sus condiciones materiales de vida, mediante la política, sino más bien como resultado de “su esfuerzo personal” y del “consumo”, no asumido como instrumento, sino como un fin en sí mismo. No cree en que “Otro Mundo sea Posible”, ni se lo imagina, puesto que carece de grandes expectativas e ilusiones.

Por tanto, se percibe a la política en la teoría y en la praxis bastante disminuida, “expropiada” o desdibujada como mecanismo e instancia para generar grandes cambios, reformas estructurales o políticas auténticamente revolucionarias, al menos en un sentido de lograr mayores niveles de inclusión e integración social. A lo superior, en la democracia representativa, se pueden elegir “buenos tipos” o “buenas personas”, que nos podrían “echar una mano” para lograr ciertos fines personales o con el objetivo de gestionar más o menos eficientemente un modelo económico.

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1 Comentario

  1. La política en México también está tan mal vista que a veces solo “nos queda votar” por lo que pensamos que va a ser el menos malo, que esperamos sea el que se mete menos dinero el bolsillo. Y los que aspiran a gobernantes solo lo hace por beneficio propio, sino veamos a nuestro queridísimo Presidente…

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