LA ERA MULTIMEDIA

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Hace días asistimos en el Casino de Madrid a un desayuno informativo con el director del diario El País, Antonio Caño, que fue presentado por Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo Prisa y habitual del todopoderoso Club Bilderberg, y estuve escuchando su opinión sobre la situación de la prensa escrita versus el periodismo digital. Hace semanas también asistí en el Teatro de la Zarzuela a la entrega del Premio anual de Nueva Economía a Jean Claude Juncker. Eso sí, lo siento, pero yo soy más de Schulz….

Centrándonos en el repaso del director de El País a la relación entre el periodismo y las nuevas tecnologías, Caño reconoció que cientos de periódicos (escritos) han desaparecido desde la irrupción de internet y en un ejercicio de humildad señaló que “la nostalgia del pasado nos lastra, creíamos desde nuestros púlpitos que un grupo de muchachos no nos podría desplazar”.

Considera que los medios de comunicación no deben ser enemigos de las empresas tecnológicas, y los periódicos, antes considerados “imprescindibles”, ahora deben demostrar su utilidad. Personalmente considero que estamos en una “era multimedia” en la que todos los formatos periodísticos pueden y deben coexistir y sobrevivir, aunque unos lo hagan con más éxito que otros. Que los jóvenes manejen las redes sociales no quiere decir que renuncien al contacto con el periódico de papel cuando van al bar a tomar café por la mañana, por ejemplo. A mí es algo que, quizá por estar en peligro de extinción, me satisface especialmente.

El director del periódico de Prisa señala que la acomodación al poder, el miedo a perder posiciones de privilegio, ha provocado la desafección del público a pesar de que grandes casos de corrupción se han descubierto gracias a la prensa escrita. Y denunció que el tertuliano no puede salirse del guión ideológico si no quiere salir del estudio de televisión y habló de los “peligros” del “tertulianismo”.

Dijo que la única garantía de independencia de los medios es que estén sostenidos por empresas solventes y bien gestionadas. Y yo le pregunto: ¿Acaso los empresarios no tienen intereses políticos y no quieren imponer también una línea ideológica? Igual que los medios públicos de comunicación bailan al son del gobierno de turno, (desgraciadamente), la empresa privada también vela por sus intereses, y no me parece mal que exista esa pluralidad, pero que tampoco nos tomen por tontos como hacen los políticos, no vivimos en “un mundo feliz” los medios siguen fusionándose y adquiriendo un poder que si no fuera por internet rayaría el oligopolio.

A veces me pregunto: ¿Si los gobiernos hubiera podido prever el “empoderamiento” político que supone para el ciudadano las redes sociales, habrían evitado su nacimiento? Y para las empresas tres cuartos de lo mismo, porque muchas ven como una “amenaza” el hecho de que la marca personal de algunos de sus trabajadores sea casi tan potente como la de la propia empresa, sin comprender que son fuerzas que se retroalimentan y de las que todas las partes salen beneficiadas a nivel de reputación.

Igualmente, a nivel de recursos humanos, las empresas son incapaces de reclutar gente desde Linkedin, cuando en esa red van a encontrar mucha más información (incluso gráfica y audiovisual) sobre los candidatos que en cualquier currículum tradicional y aún así muchas multinacionales te obligan a perder el tiempo introduciendo tu currículum en sus bases de datos, cuando ya está toda la información en la red. En estas cuestiones creo que es hora de abandonar los viejos hábitos, aunque pienso que estamos viviendo una transformación tecnológica demasiado rápida que hace que haya padres que incluso no sepan cómo manejarse con esta generación de “niños digitales”.

El director de El País dijo que en su periódico, a nivel digital, formato en el que son líderes, están trabajando en una sección de vídeo y TV que les permitirán competir como una televisión en internet. Están probando ya incluso con la realidad virtual.

Respecto al canon digital, dijo que los medios españoles están siendo “demasiado agresivos” con las compañías tecnológicas, sobre todo con Google, y añadiría que también con los mal llamados “agregadores de noticias” (porque algunos como el mío añaden artículos de opinión propios y una selección de noticias de calidad), yo mismo me vi obligado a cerrar dos de ellos por la inseguridad jurídica que me produce desconocer las tarifas que tendría que pagar y que aún no se conocen.

Y este es el Gobierno que dice que no nos dejemos caer en manos de los “advenedizos” de la política y que “los experimentos con gaseosa”, pero ellos mismos han redactado leyes-chapuza como la de propiedad intelectual que están aprobadas y después de un año sin desarrollar ¿ésos son los “profesionales” de la política en cuyas manos está la unidad del país? Pues que nos pille confesados….

Caño afirma que el 80% del tráfico en redes sociales es de facebook, no de twitter, aunque lo utilicemos políticos y periodistas, aunque hay que hacer un periodismo accesible a las redes sociales.

En este punto, quiero hacer una inquietante reflexión personal sobre las redes sociales y la privacidad. Hay personas con las que sólo te comunicas a través del móvil y te aparecen como contacto de Linkedin. O vas a comprar a una determinada cadena de tiendas y ese mismo día te aparece como posible contacto en Linkedin una dependienta de esa cadena. El día que desayunamos con el propio director de El País, ese mismo día él mismo me apareció como posibilidad de contacto en Linkedin. La única explicación tecnológica que le encuentro más allá del azar es que Linkedin recoja los datos de la geo-localización de nuestros móviles (sean smartphones o no) de nuestra proximidad física a ellos, para proponernos contactos en su red. Un amigo me dijo que hacía años que no hablaba con su “ex” y que de repente le apareció como posible contacto en Linkedin. Poca gente imagina hasta qué punto el “gran hermano” nos tiene tomada la medida.

En cuanto a los periodistas, o cualquier otro “influencer”, el tema se presta aún más a teorías de la conspiración. Un conocido experto en inteligencia declaró a un periódico digital en una entrevista que desde finales de la dictadura, el antiguo CESID, hoy CNI, creó la llamada “Operación Jana”, que consiste en registrar la vida privada de personas que actualmente no son influyentes pero que sí podrían serlo en un futuro, y que esa información acumulada nunca se destruye.

Puede que eso incluya desde pinchazos a móviles hasta mal disimulados seguimientos de coches patrulla (la policía colabora con el CNI) o de vehículos camuflados a cualquier hora del día o de la noche, “hackeo” del correo electrónico (sin cambiar la contraseña), seguimientos en redes sociales desde perfiles falsos y otras “lindezas”. A nadie que no tenga nada que ocultar debería molestarle demasiado, la lástima es que haya recursos del Estado que se dediquen más a buscar “trapos sucios” de particulares que a mejorar los servicios públicos. Muchos políticos, periodistas y empresarios lo habrán sufrido, y no es para tomárselo a broma.

Volviendo al desayuno, el director del El País se refirió a preguntas de los periodistas al problema catalán, Caño cree que “quizá el propio Rajoy o alguien de su entorno pensó que la situación en Cataluña podría favorecerle, pero no es el caso”, ya que “los votos del PP quizá se sigan yendo a Ciutadans” y añadió que, por su parte, Pablo Iglesias pensó que las pretensiones de IU son reducidas y él está pensando en otras cosas: “Es una estrategia arriesgada, pero no le hemos criticado por eso”, dijo.

Caño concluyó que “tenemos que alegrarnos de que haya opciones (políticas) nuevas, renovar la clase política supone algunos riesgos, pero aunque haya nostalgia de clases anteriores tampoco eran tan buenas”.

Personalmente, y para finalizar, creo que el fin del bipartidismo puede ser el principio de la solución a los nuevos retos a los que se enfrenta España, retos que exigen un perfil de políticos diferente, una mayor proximidad –real, no impostada- al ciudadano, una nueva política de pactos en la que las leyes se aprueben por consenso y por tanto sean ideológicamente equilibradas y no leyes de usar y tirar como la de educación que se manejen como arma arrojadiza cuando nos estamos jugando el futuro del país.

Una segunda transición también en el sentido de recuperar la figura del político como servidor público que no va a lucrarse, sino a aportar a la sociedad toda su experiencia desde un campo determinado, todo ello en el entorno de unos partidos que tengan una gestión y leyes de funcionamiento transparentes. A muchos nos viene a la memoria el gran presidente español Adolfo Suárez, en cuya memoria trabajamos desde un nuevo partido como Ciudadanos de Centro Democrático (CCD).

Quizá llegue el día en el que las leyes se voten por internet con una clave y los partidos y los parlamentos queden reducidos a su mínima expresión, la “tele-cracia”, quien sabe lo que nos deparará el futuro….

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