Naciones Unidas, 18 ene.- Naciones Unidas llamó a dar un nuevo impulso a las políticas de desarme nuclear en un momento de especial preocupación por la amenaza que plantea Corea del Norte y por las difíciles relaciones entre Rusia y Estados Unidos.

“La amenaza que plantean las armas de destrucción masiva continúa y, de hecho, parece tomar fuerza”, alertó el secretario general de la organización, António Guterres.

Lo hizo en una sesión especial del Consejo de Seguridad dedicada a las políticas de no proliferación y encabezada por el presidente kazajo, Nursultán Nazarbáyev.

Kazajistán, que renunció voluntariamente al arsenal nuclear heredado de la URSS, ha situado el desarme nuclear como la gran prioridad de su mes al frente del Consejo.

La iniciativa coincide con nuevos intentos de solucionar la crisis en la península coreana y tras años de erosión en los esfuerzos internacionales para reducir los arsenales atómicos existentes alrededor del mundo.

“Los miedos globales sobre las armas nucleares están en lo más alto desde la Guerra Fría”, aseguró Guterres, que calificó la cuestión norcoreana como la más “tensa y peligrosa” que existe actualmente.De estallar un conflicto, insistió, las consecuencias serían “inimaginables”.

Nazarbáyev, por su parte, ofreció a su país como mediador para tratar de solucionar la crisis y animó a Estados Unidos, Rusia y China a trabajar juntos para lograr un compromiso.

Como paso inicial para “establecer una atmósfera de confianza”, el presidente kazajo defendió que las potencias nucleares ofrezcan “garantías de seguridad” a Corea del Norte, con el fin de que el régimen de Kim Jong-un acceda a sentarse a la mesa de negociaciones.

Según Nazarbáyev, el acuerdo nuclear alcanzado con Irán en 2015 es un “buen ejemplo” de que es posible resolver los asuntos más complejos a través de la diplomacia.

El líder kazajo planteó además varias propuestas para “impulsar la confianza” en el ámbito del desarme, entre ellas, hacer más difícil el abandono del Tratado de No Proliferación Nuclear por parte de países firmantes y desarrollar un mecanismo efectivo contra la adquisición de armas de destrucción masiva.

Nazarbáyev llamó también a dejar atrás los “bloques militares” y planteó crear un sistema vinculante de garantías por el que las potencias atómicas se comprometan en materia de seguridad con las naciones sin armas nucleares.

También defendió la creación de un área libre de este tipo de armamento en Oriente Medio y cooperación internacional para prevenir una nueva carrera de armas y la “militarización del espacio exterior”.

Según Naciones Unidas, en los últimos años se ha visto un retroceso en materia de no proliferación y es necesario “replantear” y “modernizar” las prioridades en este ámbito.

Guterres adelantó, de hecho, que tiene previsto “explorar oportunidades” para dar un nuevo impulso a estas iniciativas.

En el debate, Estados Unidos señaló a Kazajistán como ejemplo de “miembro responsable” de la comunidad internacional por su decisión de renunciar al cuarto mayor arsenal atómico del mundo e insistió en que su voluntad es seguir trabajando para detener la proliferación nuclear.

Sin embargo, la embajadora estadounidense, Nikki Haley, aseguró que la situación de seguridad ahora es “más complicada” que en el pasado.

“No hay mayor amenaza para el régimen de no proliferación nuclear que la que plantea Corea del Norte”, dijo Haley.

EE.UU., además, arremetió contra Irán, insistiendo en que ha violado sus obligaciones internacionales y se ha convertido en la “mayor causa de inestabilidad en una parte del mundo ya inestable”.

Haley dijo que, por ahora, EE.UU. sigue cumpliendo con sus compromisos bajo el acuerdo nuclear con Teherán, pero insistió en que el resto de potencias debe tomar medidas contra el Gobierno iraní por sus “peligrosas violaciones” de resoluciones de la ONU.

Mientras, Rusia advirtió a EE.UU. sobre las consecuencias que tendría una ruptura del pacto, con la que ha amenazado repetidamente el presidente, Donald Trump.

Según el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, entre otras cosas la salida de Washington enviaría un “mensaje alarmante” para toda la arquitectura internacional de seguridad y, especialmente, para cualquier perspectiva de resolver la cuestión norcoreana.

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