Zulay Hernández.

La relación entre hermanos constituye un vínculo fuerte. Un hermano se convierte en nuestro primer amigo, cómplice, compañero de juegos e incluso rival, ya que es normal que a veces encajen muy bien y otras no tanto. No obstante, las relaciones entre los hermanos dependerán de varios factores: la diferencia de edad, el sexo, el orden que ocupan los niños en el número de hermanos, el tamaño de la familia, la personalidad de los niños, y los gustos y afinidades entre los hermanos.

La mayoría de los estudios sobre las relaciones entre hermanos se centran en la infancia o adolescencia, cuando los hermanos viven bajo el mismo techo. No obstante la gran mayoría de las personas siguen teniendo bastante contacto con sus hermanos en la edad adulta, esta relación se intensifica en muchas ocasiones en la vejez, siendo un apoyo muy importante en momentos duros, como en el caso de la viudez.

Por otro lado, es importante hacer notar que aunque el ambiente familiar es idéntico para todos los hermanos, cada integrante es diferente y así, interiorizan de manera distintas las experiencias, lo que permite ir moldeando las personalidades y las relaciones con los demás.

Algunas sugerencias para que los padres puedan crear una buena relación entre hermanos es: no hacer juicios comparativos del tipo este es quedado, pero el otro es más listo, se debe valorar las actitudes de cada uno en su momento, se debe evitar hacer comparaciones.Crear un clima de colaboración, buscando actividades en las que los hermanos colaboren.

Dedicar tiempo y atención a los hijos por separado y juntos, puede que alguno de ellos reclame menos atención, pero igual la necesita, sobre todo cuando nace un hijo y el otro llega a sentir celos.

Dejarles su espacio propio como hermanos, que tengan momentos de juego, de complicidad, de esta forma se fomenta que compartan experiencias, que se cuiden uno al otro, que solucionen sus rivalidades, y si no lo logran los padres pueden intervenir, y si requieren de castigos que sean justos o equitativos. Fomentar la comunicación entre ellos, enseñarles que ha de respetar su turno para expresarse, que debemos escuchar al que habla y cuando termine podrá hablar y todos le escucharemos.

Se les debe hacer participes de las alegrías, problemas y vivencias de cada uno de ellos.

Afortunadamente, no todas las familias sufren este problema, puesto que en algunas, los hermanos, se respetan y se quieren como tales.

 

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