Fernando Lira.

En otros artículos hemos tratado aspectos con la tecnología y otros con el desarrollo de la inteligencia, hoy queremos compartir uno donde ambos están involucrados al igual que el entorno familiar. El ambiente familiar y la actitud de los padres son fundamentales en el desarrollo intelectual y el rendimiento escolar de los hijos.

En referencia al rendimiento escolar, profesora de pediatría en la Universidad Vanderbilt, ubicada en Berlín Frances Glascoe, indica que “se ha comprobado que los niños que crecen en hogares donde la conversación, la lectura y la música están presentes tienden a tener cociente intelectual más alto y obtienen mejores calificaciones en la escuela”.

Para aquellos padres que suelen dejar a sus hijos mirando la televisión o jugando con videojuegos deben saber que esto puede afectar el rendimiento académico futuro, pues aquellos niños que interactúan frecuentemente con sus progenitores e incluso el resto de la familia consiguen un mayor desarrollo de la inteligencia. Así que padres, activemos la comunicación e interacción con nuestros hijos.

Los especialistas llevan años indicando a los padres los efectos nocivos de los aparatos tecnológicos en los cuales se incluye la televisión en los pequeñines de la casa. Por su parte el autor del libro “el cerebro del niño explicado a los padres”, Álvaro Bilbao advierte: “La clave del desarrollo del cerebro los más pequeños está en las relaciones con sus padres. La genética puede tener un peso importante, pero sin el ambiente familiar el desarrollo potencial del cerebro no se hará realidad”.

A su vez un estudio publicado en la revista Psiquiatría molecular señala que el 50% de la inteligencia de los niños está determinada por los genes. Un bebé al nacer ya cuenta con 86.000 millones de neuronas que tendrá en la edad adulta, por lo que está listo para comenzar a aprender.

Un dato curioso y a la vez significativo es, un estudio de la Universidad de Boston el cual sostiene que el uso frecuente de dispositivos tecnológicos en niños de uno (1) y tres (3) años puede afectar no solo a su cerebro, sino también a sus capacidades de desarrollo social y emocional. El teléfono inteligente y las tabletas generan estímulos tan rápidos e intensos que el cerebro de los pequeños no tiene capacidad para manejarlos.

Podemos concluir diciendo que tú necesita que: hables con él, juegues con él, lo ayudes a desarrollar ambos lados del cerebro…

 

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