El régimen violenta la vida cotidiana con su constante asedio. El suministro de los servicios que provee el Estado es caótico. No estar al tanto sobre la provisión del flujo eléctrico, el agua, la basura, la vialidad, los huecos de la calle. Ser cazadores de oportunidades. Es de oportunidad de obtener la cédula de identidad, renovar la licencia de conducir, lograr cita para el pasaporte, o la expedición de una partida de nacimiento. Impotentes, se dice que el dinero en los bancos son del ciudadano mas no se puede disponer de efectivo alguno.

O cada banco decide una cantidad que ya no vale para comprar un simple caramelo. La mayor parte de quienes tienen la fortuna de un empleo gastan más en salir y volver a casa, sin la posibilidad de almorzar un simple perro caliente con un refresco, un panqué y un café, porque el salario no les alcanza ni para pagar el transporte público, referencia de todo el indecible deterioro. Y por si fuera poco, el régimen miente día tras día y, en nombre de la información veraz, goza con una versión idílica de la realidad que ahorca.

Tiende a desmoralizar radicalmente, vaciar toda esperanza, en su afán de eliminar cualquier presunción de optimismo. El mundo sabe que estas supuestas elecciones, no son tales, con el mismo CNE, con el mismo REP, con las mismas condiciones que le permitieron prefabricar una constituyente fraudulenta. Entonces, la oposición que se la haga nunca puede ser la convencional, porque no hay reglas ni juego político posible, tras el diálogo fallido de República Dominicana.

Se insiste en una vía democrática, pacífica y civilista, frente al régimen de fuerza, pero sin olvidar que la oposición ante todo debe contar con una autoridad moral que parece hoy pérdida. Habla de democracia y de unidad, pero no hay consenso sino competencia desleal entre ella, en su más íntimo seno, también mienten. Para ejercer la urgente conducción moral de la oposición, capaz de guiarla en medio de la tempestad que no cesa, sus más destacados y diferentes voceros deben ser coherentes en el discurso y acción.

El conductor de la oposición debe dar testimonio real de sus convicciones éticas y morales, debe ser capaz de inspirar y de orientar a la ciudadanía a la que pretende la dictadura confiscarle toda esperanza. Se vive una inmensa tragedia, pero también una hora histórica que exige integridad, honradez, gallardía, autenticidad.

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