Shanghái (China), 16 jul.- Los médicos que atendieron al premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, fallecido por un cáncer de hígado en un hospital chino bajo custodia policial, insistieron en que hicieron todo lo posible para salvar la vida del intelectual.

“Desde el día en que Liu Xiaobo fue admitido, el hospital ha hecho todos los esfuerzos en su tratamiento”, dijo el doctor Liu, director médico del departamento de oncología del hospital de Shenyang donde estuvo ingresado sus últimos días.

El disidente y escritor de 61 años murió en el hospital bajo fuertes medidas de seguridad después de que fuera excarcelado recientemente por razones médicas y sin que las autoridades le concedieran buscar tratamiento en el extranjero como deseaban él y su familia.

Según los médicos chinos que le atendieron, el paciente no podía ser trasladado porque “la situación era muy peligrosa, podría ser necesario recibir cirugía en cualquier momento”, agregó Liu, una opinión no compartida por un equipo internacional de médicos que le visitó hace unos días.

Ante el aumento de la presión internacional, el Gobierno chino accedió a la petición de que Liu fuera visitado por médicos extranjeros, y el pasado fin de semana un equipo de doctores alemanes y estadounidenses revisaron al paciente.

Coincidieron en que el tratamiento que estaba recibiendo por parte de los médicos chinos era el adecuado pero, sin embargo, aseguraron que sí podía viajar al extranjero para recibir tratamiento, y pusieron a disposición tanto el hospital de la Universidad alemana de Heidelberg como la prestigiosa clínica MD Anderson de Estados Unidos para la atención de Liu.

Pero el Gobierno chino hizo oídos sordos a la petición y la salud de Liu se agravó rápidamente en los últimos días, hasta sufrir un fallo multiorgánico a causa del cáncer hepático en estado terminal del que había sido diagnosticado recientemente.

Durante el tratamiento, explicó el doctor Liu, los médicos realizaron 25 consultas, cinco diagnósticos conjuntos con expertos chinos e internacionales e informaron a la familia sobre su enfermedad un total de 23 veces.

“Durante sus últimas horas, Liu fue acompañado por su esposa y varios familiares. Ellos estaban muy agradecidos por el trabajo duro de todos los médicos y enfermeras”, asegura el doctor.

Después de dos décadas de lucha por la democracia, Liu fue detenido en 2008 y condenado el 25 de diciembre de 2009 a 11 años de prisión por “incitar a la subversión”, tras ayudar a redactar un manifiesto político que pedía reformas democráticas al régimen.

Numerosas ONG de defensa de los derechos humanos, así como los Gobiernos de EEUU o Alemania, pidieron su liberación incondicional pero Pekín desoyó sus solicitudes y le mantuvo bajo estricta vigilancia en el centro hospitalario junto a un grupo reducido de familiares hasta su fallecimiento.

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