Fernando Lira.

Es muy común escuchar entre la población infantil y en los jóvenes, el poco gusto por las matemáticas, tal vez lo se ha por su naturaleza abstracta y ciertos prejuicios, como ese de que “sólo la gente muy inteligente entiende de números”, es por ello que hoy queremos compartir con ustedes un artículo relacionado con ello.

Impotencia, eso definía los cinco minutos antes de enfrentar un ejercicio con nota en la pizarra. Impotencia sumada al miedo y frustración colegial de no entender cómo despejar una equis o dividir entre fracciones. Operaciones fáciles, por lo demás, pero que para los que temen y temían a las matemáticas, son equivalentes al más terrible de los exámenes médicos.

Hoy sabemos que no habría sido nada de exagerado describir la escena como una tortura. Porque ahora, gracias a un reciente estudio de la Universidad de Chicago, sabemos que algunas personas pueden llegar a ponerse tan ansiosas antes de tener que resolver un ejercicio matemático, que sus cerebros experimentan una reacción similar a la que produce el dolor de una quemadura en la piel.

Algo raro e intimidante nos producen las matemáticas. Tanto, que especialistas en todo el mundo y sobre todo en el Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago, llevan años investigando el por qué esta aversión e indican que también existe un prejuicio asociado y llevaron a cabo un estudio.

Se define aversión como un rechazo frente a alguien o algo, en este caso una asignatura, que puede manifestarse de diversas maneras e intensidades como en los casos de la antipatía, el odio o las fobias. El rechazo normalmente no aparece por sí sólo, sino que forma parte de una relación de causalidad que necesita de un evento que lo origine.

A diferencia del resto de las áreas del conocimiento, la mecánica de esta ciencia se aleja de nuestra forma concreta de vivir y se enfoca con mucha fuerza en el pensamiento abstracto, es decir, en la relación lógica de elementos que no existen en la realidad, como números y símbolos.

El problema está en que desde nuestra vida diaria hasta el estudio de la Historia o la Química, todo tiene una base material, que, por práctica, nos parece mucho más familiar. Nada de eso ocurre con la abstracción matemática, que nos parece lejana y que, por lo mismo, requiere de un entrenamiento especial que sólo aquellos más interesados desarrollan.

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