Thais Hernández.

Muchas venezolanas, aguantaron irse a la cama sin comer hasta que sus embarazos avanzaron y el riesgo de desnutrición se advertía. La crisis, según la Encuesta Nacional sobre condiciones de vida en Venezuela (2016), tiene al 82% de los hogares en la pobreza.

El mismo estudio dice que hay 9,6 millones de venezolanos que comen dos o menos veces al día. En el mismo periodo de 2016, la cifra rozaba 40 casos, la mayoría llega sin historia clínica, sin controles, por lo general ingresan por urgencias cuando ya tienen los dolores de parto o se sienten muy mal.

El camino para recibir atención, sin embargo, no es tan fácil. El Estado colombiano está de espaldas a lo que está pasando con la salud en las regiones de frontera a raíz de la llegada de venezolanos. Se necesitan más recursos y una política que garantice su atención. Son muchas las venezolanas que pasan trabajo, incomodidades e incluso inseguridad en Cartagena solo por tener las tres comidas y medicinas.

Durante el 2016, 309 venezolanas recibieron atención en Cartagena, lo que significó una facturación de casi 50.000 dólares para las finanzas de la clínica que las recibió. Entre enero y febrero de este año, la cifra ya rondaba los 17.000.

Colombia ha hecho un convenio regional con otras entidades para que ninguna mujer se quede sin atención, ya que, se trata de un acto humanitario, aunque en el sistema de salud escaseen los recursos.

El personero de la ciudad, Willian Matsón, ha propuesto que a los venezolanos que llegan al país se les dé el trato de refugiados para agilizar el servicio médico. Dice que en dos meses su oficina atendió a casi cien mujeres embarazadas que pedían ayuda y hace dos semanas aproximadamente, se firmó un acuerdo con el Ayuntamiento para crear un protocolo de atención y destinar una partida presupuestal para los migrantes.

Las ciudadanas venezolanas, no pueden esperar la muerte en una cola buscando harina o cualquier cosa a la venta, mientras esperan el turno para comprar, sin embargo, muchas extrañan su país, familias y el clima de Venezuela.

Pero, ante la incertidumbre de que comer, si sus hijos pudieron o no sobrevivir ante tal situación, sin tener la posibilidad si quiera de hacerse los exámenes, sus hijos en la actualidad son colombianos, aunque muchos hubiesen querido que fueran venezolanos, pero tristemente capaz no fueran mamás si se quedaban aquí.

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