Por Jesús Sánchez Cañete

Entre la apatía de un presidente Rajoy que lleva meses y meses sin tomar las decisiones que hubieren cortado de raíz la sedición de la camarilla de corruptos conspiradores que componen el gobierno de la Generalidad y la traición manifiesta de Pedro Sánchez del PSOE y de Pablo Iglesias de Podemos, socialista uno y comunista el otro, y ambos, marxistas leninistas, están acabando con la unidad de España.

Nadie en su sano juicio puede entender la actitud de Rajoy. Dando más y más fondos a la Generalidad, a sabiendas que se están malversando.

¿No se llama a esta acción apática de Rajoy cooperación y colaboración?

En 1934 la entonces República Española acertadamente tomo las decisiones acertadas con la anulación de la proclamación de independencia y su ingreso en prisión de los culpables del delito de sedición.

¿Espera Rajoy tomar esa decisión cuando eso vuelva a ocurrir y se proclame la Republica Catalana?

Hay muchos paralelismos entre 1934 y 2017, la del 34 fue adoptada en octubre y todo hace suponer que también en octubre se proclamará la del 2017.

Pero también hay grandes divergencias. En el 34 existía una república ahora una monarquía. Esto nos hace pensar, si en el 31 en unas elecciones municipales que, excepto en las grandes capitales, ganaron los monárquicos, se usaron como excusa el derribo de la monarquía t el advenimiento de la fatídica II República, que nos hace que no sea posible que en este octubre, gracias a la traición de Sánchez (PSOE) e Iglesias (Podemos) y a la apatía rayana en traición de la no acción por parte de Rajoy así como del activismo secesionista de Mas y compañía, no se proclame, no solamente la republicana catalana si no también la caída de la monarquía.

No olvidemos que en el siglo xix se votaron las Constituciones de 1812, 34, 37, 45, 52, 56, 69, 73, 76 y en el siglo pasado las del 1929, 1931 y finalmente, la presente del 1978.

Está claro que si Felipe VI quiere continuar siendo rey de España va a tener que tomar las riendas de la situación en sus manos y forzar la aplicación del artículo 155 de la Constitución con el cual, provisionalmente, se tomaría, por parte del Estado, control de la gobernación de la Generalidad.

Dicho artículo literalmente dice “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta”.

Esta situación, de no actuar Rajoy con firmeza conllevaría a una revuelta interna dentro del PP. El surgimiento de un hombre fuerte dentro del partido y la convocatoria de elecciones generales.

La gran incógnita son las fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas.

¿Entraría el ejército en Cataluña?

¿Si entrase, se suspendería la Constitución de 1978 y se reforzaría la posición de Felipe VI?

Todo hace suponer que la actitud del rey conllevaría a una acción u otra por parte del ejército. O fortalecerían la monarquía o podría ocurrir, y hay que contemplarlo, la imposición de un régimen militarista que, una vez por todas, acabase con sediciosos, traidores, independentistas y políticos que no saben tomar decisiones difíciles.

El peligro es real. Existen muchos traidores sediciosos e independentistas que unidos podrían conseguir el desmembramiento de la nación tal y como la conocemos hasta ahora.
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