La Habana, 19 abr.- Aunque dejó de ser el presidente de Cuba para convertirse en “un soldado junto al pueblo”, Raúl Castro no perderá un ápice de poder en la isla, donde su opinión tendrá un peso incontestable en las principales decisiones del nuevo Gobierno, no solo como líder del Partido Comunista, sino de la Revolución.

Castro, de 86 años, “encabezará las decisiones de mayor trascendencia para el presente y el futuro de la nación”, aseguró su sucesor, Miguel Díaz-Canel, de 57 años, en su primer discurso como gobernante, buena parte de él centrado en resaltar el legado de su mentor en sus doce años al frente de la isla.

Y es que, quedó claro que, aunque Castro no estará en el Consejo de Estado y es desde ahora oficialmente un diputado raso de la Asamblea Nacional, su papel como máxima figura de referencia en la cúpula no se discute.

Pese a que deja las responsabilidades de Gobierno, el general permanecerá hasta 2021 al frente del Partido Comunista de Cuba (PCC, único), el máximo órgano rector de la sociedad y la política cubana, lo que en la práctica supone que el relevo generacional será tutelado durante tres años por la vieja guardia aún al frente de ese órgano.

“Para que no quede la menor duda, el PCC apoyará y respaldará resueltamente al nuevo presidente en el ejercicio de sus atribuciones constitucionales, contribuyendo a salvaguardar nuestra arma más importante, la dignidad de todos los revolucionarios y el pueblo. No puede ser de otra manera”, subrayó Castro.

Un apoyo que pasará a la posteridad en la imagen del día: la de un Raúl sonriente alzando victorioso el brazo de Díaz-Canel.

Más allá, avanzó su intención de que en 2021, cuando se celebre el VIII Congreso del PCC, Díaz-Canel, quien “no es un improvisado”, le releve al frente de la formación, aunque precisó que el nuevo gobernante deberá cumplir con la limitación a dos mandatos de diez años, como ha hecho él mismo.

El ya expresidente sostuvo que Díaz-Canel tiene “el nivel de preparación integral que, unido a sus cualidades personales, le permitirá asumir con éxito la presidencia y, más tarde, la máxima responsabilidad en el Partido”.

Esto supondría un retorno al liderazgo basado en la concentración del poder político, ejecutivo e ideológico, el modelo que aplicaron tanto Fidel como Raúl, plasmado en la Constitución vigente y cuya pendiente reforma será una de las prioridades del nuevo Gobierno.

La idea de que Raúl Castro permanece como máximo referente político también quedó reflejada en su discurso de despedida, en el que desgranó con firmeza la hoja de ruta para los próximos años y que se prolongó más de una hora, algo sorprendente para este militar poco dado al verbo torrencial que caracterizaba a su hermano Fidel.

En una alocución jalonada de comentarios socarrones y espontáneos, Castro dio un espaldarazo a su sucesor, repasó los asuntos pendientes, reconoció los errores de su gestión, desveló los próximos pasos que dará el país y, sobre todo, advirtió de que “la guardia revolucionaria no se descuidará jamás”.

La exhausta economía, una de las principales preocupaciones de su mandato, protagonizó también buena parte de las palabras de despedida del histórico dirigente, que se marcha sin haber culminado su principal apuesta: llevar a cabo las reformas que permitan un socialismo próspero.

“Sabíamos que iniciábamos un proceso de enorme complejidad que por su alcance abarcaba todos los elementos de la sociedad y requería vencer el obstáculo colosal de una mentalidad cimentada en décadas de paternalismo con secuelas significativas en el funcionamiento de la economía”, arguyó.

Cuba atraviesa una complicada “pero no dramática” situación por la crisis en Venezuela, su principal aliado político y económico, pero también por prolongados errores internos de gestión, insuficiente inversión extranjera y un sistema de doble moneda que provoca grandes distorsiones financieras y “serios dolores de cabeza” al Gobierno.

“Pensábamos que a estas alturas habríamos avanzado más, que ya tendríamos, si no resueltos los problemas, bien organizado todo, bien planificado y en proceso de ejecución”, dijo Castro.

La reorganización del sector privado de la isla (un potencial motor económico que lleva meses atado de manos), la reforma salarial y la eliminación de subsidios injustificados son asuntos urgentes, reconoció el general.

También tuvo palabras para Estados Unidos en momentos de renovada tensión bilateral, pues la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha paralizado el deshielo iniciado con Barack Obama y ha sustituido las buenas intenciones por “un tono agresivo y amenazador” por parte de Washington.

Cuba no admite “lecciones de nadie y mucho menos del Gobierno de Estados Unidos” en materia de derechos humanos y hará frente a “todo intento de manipular” ese tema para calumniar a la isla, espetó.

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