A las puertas de Rosh Hashaná un grado de reflexión e interiorización, de lo que hemos hecho o dejado de hacer, debería ocupar nuestros pensamientos. Las preguntas se agolpan en nuestro interior, a modo de autoevaluación, y el balance de nuestras acciones serán juzgadas y sobrepasadas en la Báscula del Cielo.

Lo más probable, queramos o no queramos, es que hagamos un selectivo balance de las metas y de los objetivos, que nos marcamos el año pasado. La mayoría a nuestro alrededor no se plantea el hacer una autoevaluación, de los compromisos adquiridos y del grado de cumplimiento de los mismos. En términos generales no percibimos cambios, pero en realidad todo y todos están haciendo cambios, sin percibir la razón. La propia naturaleza nos avisa, con sus propios cambios climáticos estacionales, de que nosotros también tenemos que hacer cambios, en todos los ámbitos de la vida.

Las cadenas de televisión, por citar un solo ejemplo, empiezan nuevas programaciones, en esta época del año. Los platós son renovados y todo se presenta como algo novedoso y llamativamente espectacular. Un espíritu de renovación empieza a surgir en las mentes de los creativos, programadores y todo un sinfín de gentes dedicadas al entretenimiento. Todo parece indicar que con tanta y variada programación nos quieren hacer creer, que tenemos todo el tiempo del mundo. No, amigos no tenemos todo el tiempo del mundo es el mundo y sus tiempos, los que nos tienen a nosotros.

El dirigismo del entretenimiento por medio de la televisión y el cine nos ocupa el tiempo. Un valioso tiempo, en el que dejamos de hacer buenas y productivas cosas. No estoy denostando la televisión o el cine, personalmente me encantan, pero no dejo de reconocer que consumen mucho del poco tiempo, que tenemos disponible. Además de estas dos fuentes de diversión y entretenimiento tenemos que añadir, tal vez en primer lugar, el papel que juegan las redes sociales e internet en general, en nuestros hábitos diarios de actuación. Todo nuestro tiempo está en manos de aquellos que determinan lo que tenemos que hacer, ver y consumir conforme, a preferencias invisibles y desconocidas.

El diseño de organización del tiempo, de las ocho horas de trabajo, ocho de diversión y ocho de descanso está haciendo aguas hace mucho tiempo, valga la redundancia. Las horas de trabajo se han multiplicado por dos, la diversión está relacionada con el trabajo y el descanso es tan precario, que siempre estamos cansados. Si, es verdad que necesitamos reevaluar, ordenar y diseñar el tiempo. La conciliación de la vida familiar y laboral está determinada en realidad, por los tiempos financieros y las expectativas económicas de otros.

La ganancia de unos pocos está basada, en la pérdida del tiempo de muchos. La moderna esclavitud se llama ahora trabajo por cuenta ajena. El trabajo que debería repercutir en cada uno de nosotros y nuestras familias está orientado al objetivo financiero de algunos, que tienen el control de su tiempo y del nuestro. No deberíamos dejar pasar el tiempo y esperar que las cosas cambien por si solas. Nada cambia si seguimos haciendo las mismas cosas, que siempre. En la época del año necesitamos hacer una reflexión, profunda y sincera, de cómo estamos empleando nuestro tiempo. Una evaluación de este calibre nos proporcionará nuevas metas y objetivos, para empezar el nuevo año.

En la práctica Rosh Hashaná representa el comienzo de un Juicio, con mayúsculas, que afecta a toda la humanidad. La triste realidad de que muchos no estén conscientes del mencionado Juicio no anula las consecuencias, que tiene sobre todos nosotros. La preparación de un juicio requiere una defensa efectiva basada en hechos concretos y comprobables. Aún estamos a tiempo de evaluar el despilfarro de tiempo que hemos mantenido y organizar por orden de prioridad nuestras diferentes las actividades diarias.

Los ladrones del tiempo, sean quienes sean, ponen al descubierto nuestras inconsistencias, incoherencias y la falta de compromisos cumplidos. En estas pocas líneas abogamos por un año nuevo, con una buena organización y buen control del tiempo personal y familiar. Una correcta administración del tiempo, en todos los planos de la vida, nos dará más libertad y menos quebraderos de cabeza. No nos olvidemos de que cada año nuevo trae un juicio nuevo.

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