Washington, 11 dic.- Conservador, mormón y rebelde. Con estas tres palabras bien se puede esbozar el perfil del senador Jeff Flake, quien en los últimos tiempos ha copado numerosas portadas en Estados Unidos por haberse convertido en el principal antagonista del presidente Donald Trump dentro de su propio partido.

“Señor presidente, alzo mi voz para decir: ya basta. Debemos dedicarnos a asegurar que lo anómalo no se convierta en lo habitual”, con estas duras palabras, vertidas desde la tribuna del Senado, Flake justificó el pasado 24 de octubre su intención de no aspirar a la reelección.

El momento, que algunos medios llegaron a calificar de “histórico”, sirvió además para dejar patente un distanciamiento de su formación que parece ser irreversible.

A través de la cadena CNN, que emitió en directo y de forma íntegra su intervención, los estadounidenses escucharon con estupor el mensaje con el que este legislador de 54 años de edad defendió su decisión, dejando entrever que no entiende cómo su partido le sigue el juego al polémico presidente.

La confianza de Flake en su partido se había erosionado gravemente desde que Trump, un “forastero” de la política que hace gala de querer romper con las normas establecidas y al que no se le caen los anillos por faltar al respeto a cualquiera que se interponga en su camino, ganó la candidatura presidencial en 2016.

A pesar de no ser uno de los legisladores más veteranos de Washington, el senador nacido en una pequeña localidad de Arizona cuyo nombre rinde homenaje a un lejano antepasado de su familia, Snowflake, siempre se ha mostrado como un defensor acérrimo de los viejos valores y de la política más tradicional.

El respaldo de su partido a un candidato acusado de acoso sexual parece haber sido la gota que ha colmado el vaso de este espigado político con nariz de boxeador, que ha llegado a decir: “Si nos convertimos en el partido de Roy Moore y Donald Trump, estamos fritos”.

Acusado por ocho mujeres de haber abusado de ellas en los años 70, cuando varias de ellas eran aún menores, Moore es el candidato republicano al Senado por Alabama en las elecciones que tendrán lugar el próximo 12 de diciembre.

Hace unas semanas, al comenzar el goteo de acusaciones, Flake creyó que su partido reaccionaría retirándole su apoyo al candidato.

Sin embargo, en estos momentos un asiento en el Senado tiene un valor incalculable, por lo que, una vez Trump respaldó la candidatura de Moore, su partido decidió seguirle a pies juntillas.

No son pocos los republicanos que desde hace tiempo desconfían de este compañero de formación que comenzó su carrera política como becario del senador demócrata Dennis DeConcini.

Flake dice que es consciente de que algunos de sus correligionarios ven como “inaceptable y sospechoso” todo lo que no sea “una completa e incuestionable lealtad” a un presidente que, al fin y al cabo, es republicano.

Pero poco parece importarle a Flake la opinión de sus compañeros de partido, a juzgar por el gesto del senador, que el pasado martes decidió financiar la campaña de Doug Jones, oponente demócrata de Moore, a quien endosó un cheque del cual hizo una foto que no dudó en colgar en su cuenta de Twitter.

Al indicar el nombre del beneficiario, Flake escribió “Doug Jones para el Senado de los Estados Unidos”. Y en el concepto: “El país por encima del partido”.

Tal vez fue el destino, o tal vez no; pero resulta llamativo que esta acción del senador de Arizona se produjera pocas horas después de que se hiciera pública la muerte de un histórico legislador republicano: John Anderson.

Al igual que Flake, fue un legislador atípico, un político rebelde.

Un republicano que se enfrentó a su partido por defender el fin de la segregación racial y por decir basta a los abusos de un presidente de su mismo partido: Richard Nixon.

Después de una larga trayectoria en la filas del Partido Republicano, Anderson decidió presentarse como candidato independiente en las elecciones presidenciales de 1980.

Con un 7,1 % de los votos, en realidad Anderson no fue rival para sus contrincantes, dos auténticos pesos pesados de la política nacional, el demócrata Jimmy Carter, y el republicano Ronald Reagan.

Pero su valentía y coherencia le acabaron granjeando un lugar en la historia.

La contundencia con la que Flake dejó claro que no volvería a aspirar al Senado es solo comparable a la convicción con la que ha defendido la necesidad de que un conservador plante cara a Trump en los comicios presidenciales de 2020.

Cabe por lo tanto preguntarse si no será ese el momento en que este mormón que suele decir que acabó en política por casualidad decida abandonar las filas del “Gran Viejo Partido” para tomar el relevo a Anderson a la hora de buscar un camino del que puedan sentirse orgullosos todos los republicanos.

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