Asistimos atónitos a los dramáticos acontecimientos de estos días que conmueven el alma por los atentados terroristas en Bélgica. No estamos repuestos de los atentados de París y ya estamos llorando por la misma cruel acción del yihadismo internacional. Hace tres años escribí el presente artículo en el cual daba una visión absolutamente personal del futuro de esta Europa en la que vivo. Rogaría a nuestros lectores meditar en las palabras y las expresiones aquí vertidas y verificar que bien podrían haber sido escritas ayer. 

La gestación está muy avanzada y a pesar de su edad, en su vejez, Europa vuelve a estar embarazada de Islam. Sin pudor alguno e ignorando las señales del embarazo, malestar, vómitos y bruscos cambios de humor, Europa ha vuelto a gestar en su seno un hijo ilegítimo. Un hijo, que la dará caza una vez que se sienta lo suficientemente fuerte. Los ingenuos no quieren saber, ni creer, que cuando crezca el hijo, cuando sea suficientemente fuerte, destruirá a la madre que tanto odia desde sus mismas entrañas.

Un espíritu de concordia elevado a los altares de una fe adormecedora, llamada Alianza de Civilizaciones, ha dejado indefensa a Europa, que ciega a la realidad, se muestra celosamente protectora de un hijo que la acabará asesinando como hace con sus propios hermanos.

Sunitas o chiitas, hermanos de fe, no conocen más padre que el Islam. Si este les manda asesinar, violar, torturar o emplear armas químicas, infernalmente creadas para destruir toda forma de vida, lo harán con la fervorosa fe islámica. Una fe islámica que les obliga a matar y a morir por el Islam. Pobre Europa no sabe con quién se ha acostado, mira que había buenos amigos que la estaban advirtiendo de su insensatez, pero todo fue inútil, no los hizo caso.

Una Europa maltratada, psicológicamente, emocionalmente y físicamente por los islamistas, que no entiende eso como maltrato, sino como un simple rasgo de carácter machista que se les irá pasando con el tiempo. Europa cree que los hijos islámicos nacidos en su seno, llegarán a tener la misma mentalidad democrática que sus otros hijos o por lo menos una mayoría. Unos “hermanastros” que creen en la libertad de expresión y religiosa, al amparo de la cual los islamistas se agazapan esperando el momento de destruir toda libertad, especialmente de la religión.

La madre Europa cree qué integrándoles en medio de la sociedad europea, los islamistas, acabarán siendo unos buenos chicos como los demás y que poco a poco serán hermanos ejemplares que contribuirán al bien estar de sus conciudadanos. Así engaño tras engaño, se adormece a la sociedad europea que indefensa, no está apercibida ni prepara, para enfrentarse a lo que le viene encima.

Los medios de comunicación juegan un papel determinante en esta partida de ajedrez donde la reina, será sometida bajo la presión del “jaque mate” sino se aviene a hacer más mezquitas, más madrazas y más zonas bajo la Sharia o ley islámica. Muchos barrios en Europa ya son feudo del islamismo que controla la vida y los movimientos de todos los que están bajo sus redes de domino y control mental.

La policía europea, en muchos casos, no puede imponer la ley en dichas zonas, quedando diezmada de forma ostentosa y notoria su autoridad. Los periodistas europeos, salvando honrosas excepciones, se esfuerzan con inusitada perseverancia en hablar de “islamistas moderados” lo cual supone en la práctica la neutralización de todo atisbo de peligro y precaución con los islamistas.

Los “islamistas moderados” salvarán a Europa de los “islamistas menos moderados” ese es el mensaje que adormece y deja indefensa a la familia europea. No existen, ni existirá nunca “islamistas moderados” todos son hijos del mismo padre que los ha doblegado con crueldad y castigos inimaginables para llegar a ser obedientes y sumisos hasta la muerte.

Periodistas con el síndrome de Estocolmo tan asumido, que cuando son secuestrados por esos mismos “islamistas moderados” se deshacen en justificaciones retorcidas, para no ofender al mundo musulmán. Los grandes periódicos europeos, tan comprensivos ellos con los que machaconamente llaman “islamistas moderados” están poniendo en peligro de muerte a los muchos e ingenuos europeos que no ven la tragedia que les acecha.

Los “hermanos musulmanes” no son un partido más, del amplio espectro islamista, son una influencia dañina que está minando las bases de la madre Europa, debilitando una conciencia ya cauterizada e insensible a los peligros del islamismo.  Al Islam y a sus hijos los islamistas, no les gusta la “madre europea que les parió” la detestan, la odian y la aguantan hasta que tengan el suficiente poder para ahogarla con sus propias manos o decapitarla, que es más acorde al “espíritu misericordioso” que dicen sustenta al Islam. De seguir Europa con su política de “café para todos los islamistas” acabaremos a la fuerza, de rodillas en una mezquita o decapitados en medio del bullicio y las exclamaciones islamistas de que “su dios es grande”.

Los responsables ante la historia serán aquellos dirigentes europeos que miraron para otro lado, como ya hicieron, cuando la población judía europea era aniquilada. Tal vez la historia se vuelva a repetir, pero esta vez no se hablará del fascismo o nazismo germano que aniquiló a millones de seres humanos, sino del fascismo islamista que quiere hacer lo mismo, aniquilar a la madre europea y a todos sus hijos.  Aquí la religión no juega un papel determinante ya que todos, cristianos o judíos, son enemigos a abatir por los “islamistas moderados” siempre entre comillas. Triste fin para una civilización que hizo una alianza con los incivilizados islamistas, que la llevaron a su destrucción y ocaso. Que el Cielo nos ampare, ya que los gobiernos, los políticos y sus políticas, los medios de comunicación y sus amansados periodistas europeos, ni lo hacen ni lo harán. Avisados están, luego que no vengan llorando, pues posiblemente, ya sea demasiado tarde.

Hoy queda demostrado que aquello que parecía, hace casi tres años, una visión catastrofista de la historia europea es una triste realidad que tozudamente algunos siguen queriendo ignorar.

2013 – 24/03/2106

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