Thais Hernández.

Hoy Venezuela vive uno de los momentos más difíciles de su historia, nuestra historia. Día a día se agudizan los problemas, y no se avizora una pronta solución. Es muy nuestra la idea de buscar un salvador, ese superhéroe que sabe y hace de todo, para que resuelva de manera inmediata todos aquellos males que nos acogen. Desde hace muchos años estamos en esa búsqueda, casi siempre fallida, como ocurrió con Hugo Chávez en el 98.

La historia en estos casi 20 años ha sido muy sabia en presentarnos los errores cometidos; sin embargo, creo que hemos sido algo ciegos. A mi modo de ver, la desesperación y la falta de compromiso con nosotros mismos y el país, nos ha llevado a tomar decisiones erradas, que fortalecen a los que hoy ostentan el poder.

Hemos buscado caminos fáciles y rápidos, con la nefasta consecuencia para la clase política de perder la conexión con el ciudadano de a pie y, así, hemos extraviado la política misma como noción básica e insustituible.

Para nuestro país, el error más grave fue haber perdonado -siempre actuando de buena fe- a los venezolanos aquellos que en la década de los 90, aprovechando el descontento de ese momento, atentaron contra las instituciones democráticas. Años después, ese grupo presentó promesas falsas a la gente deseosa de soluciones, quien cedió el poder a uno de sus cabecillas. Ese drama pareciera querer repetirse y estamos a tiempo de asumir nuestra historia, madurar como pueblo y, así, superar nuestros errores.

Cinco años después, con una situación más crítica, a niveles que sobrepasan la escala normal para cualquier país, seguimos en la búsqueda de ese salvador que de golpe nos resolverá todos los problemas que nos agobian. No hemos asumido que gran parte de ese personaje que buscamos afuera está en cada uno de nosotros, en las acciones que completamos, en cómo enfrentamos la crisis que este mal gobierno ha generado y en cómo revertimos sus peores decisiones.

La salvación de Venezuela no está en un mesías de ocasión; depende de todos, del pueblo unido lograr una solución definitiva. Nunca deleguemos, nunca esperemos al líder externo, busquemos en nosotros mismos y actuemos, como ocurrió en 1958 y ocurrirá, sin dudas, en 2018. Es hora de enfrentarnos a este gobierno dictatorial, que pretende dejarnos sin nada y destrozar nuestro país. Por todos los que aún permanecemos en esta tierra, hay que despertar.

 

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