La Venezuela de hoy se desangra entre la persecución, el crimen y la censura en todos sus valores. Las democracias del mundo se han solidarizado con los venezolanos, repudiando al ególatra asesino de Maduro pero no han logrado que este dictador afloje ni por un instante.

Este dictador caribeño ha violado y pisoteado a la democracia y al pueblo sin medir las consecuencias de la misma manera que antes lo hicieran otros dictadores de esa zona geográfica como Trujillo y Somoza. En Venezuela hoy hay miles de estudiantes que salen a la calle para reivindicar la libertad de su país exponiendo su vida ante paramilitares “bolivarianos” financiados y armados por el matón y mano derecha de Maduro, Diosdado Cabello, quien vendría a ser lo que Vladimiro Montesinos fue para Alberto Fujimori en Perú años atrás.

Maduro y sus cómplices se sumarán a la galería de los peores tiranos que asolaron Sudamérica. Todos ellos tienen en común su odio a la libertad y esconden su pequeñez infinita. En América Latina hemos sufrido a estos dantescos personajes varias veces, basta con recordar a Pinochet o Videla por solo nombrar a dos.

Simón Bolívar dejó escrita en la Carta de Jamaica una breve frase: “rara vez la desesperación no ha arrastrado tras de sí la victoria”. Con esto el libertador se refería a que los pueblos desesperados siempre terminan alcanzando la libertad. La represión y la corrupción del gobierno de Maduro se enfrentan a un pueblo desesperado.

La dictadura venezolana ha dado muestras de ser un fascismo tropical respaldado por Fuerzas Armadas cómplices en la creación de un narco Estado, apoyado por milicias entrenadas por cubanos que, como pago por el petróleo recibido, gobiernan Venezuela desde adentro. Recordemos que Chávez prefirió morir en la Habana y que su sucesión se se arregló en esa misma ciudad.

En el mundo de hoy nunca podría ser reconocido un gobierno cuyo presidente anuncia públicamente que lo “que no consiga por los votos lo alcanzará por las armas”.

La desfachatez y cinismo moral es tal que Maduro manda matones a agredir a los propios parlamentarios venezolanos en el seno del Parlamento, y ahora sustituye sus funciones por un Poder Judicial sumiso que viola los derechos humanos de un pueblo desesperado.

El pueblo venezolano está pagando un precio demasiado alto e inaceptable, esto ya no es un tema de ideologías sino una definición de la dignidad humana.

Muy probablemente la crisis venezolana no tenga salida, pero ¿tienen salida los que experimentan esta bancarrota intelectual y moral al avalar su régimen?

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