Thais Hernández.

Atosigado por su precaria condición económica y social, el venezolano medita a diario si participará o no en el sufragio emplazado por la ANC. Ciertamente se acrecienta la percepción negativa de la mayoría sobre el venidero acto electoral. Es muy difícil escrutar la pulsación de cada votante en este borroso proceso. Es como especular si la persona que se rapa la cabeza al cero se siente segura o no. Sólo él lo sabe.

Es imposible analizar cualquier evento electoral si se ignora adrede el tejido social en cuyo seno se realiza. La encuesta de opinión, concebida originalmente para fines comerciales, se ha trasformado en el avío político más manoseado aunque su ámbito de expansión cubra otras áreas como el consumo, inflación, pobreza, inseguridad, etc.

El caos institucional en que se desenvuelve el país impide establecer un juicio político eficaz para debatir cuál camino seguir. El que pasa buena parte de su tiempo buscando algo de alimento, poco le interesa conocer cómo se patrocina el acto eleccionario del 20-May. Es evidente que el vecino, esclavo de sus múltiples carencias, se siente rehén de un sistema corrupto, desordenado y visceralmente deforme ¿Qué piensa ese parroquiano respecto de votar o no? ¿Puede ponderar su voto como avío efectivo para sustituir el actual estatus que lo llevó a la miseria?

La negativa del CNE para clarificar la legitimidad de este sobrevenido proceso, incrementa la duda del ciudadano puesto que no sabe a qué remitirse. Lo cierto es que el frenesí por lo electoral se ha ido degradando ¿República? La suspensión a la brava de tres diputados de Amazonas electos lícitamente que deja al Estado sin grafía parlamentaria.

No es cuestión del número de “votos válidos”. Cualquier credo liberal se devalúa si no se compruebe que la democracia, es decir, la libre expresión de la opinión y la posibilidad de participar en las decisiones que incumben a cada ciudadano, esté garantizada como tanto lo predica régimen casi litúrgicamente. El elector en democracias ciertas confía que su opinión será ponderada con la misma certeza que con la de “todos los demás”.

Puesto que la democracia presupone conflictos de intereses, todas las instituciones tendrían que estar al servicio del equilibrio de esos mismos intereses. Lamentablemente en Venezuela a partir del año 2010 la mesura republicana se pervirtió; no se desempeña para proteger los derechos de grupos disímiles ¿Democracia sin voz de partidos políticos? ¡Preguntar a los cubanos!

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