Zulay Hernández.

Seguro que hay gente súper feliz con sus padres y gente que lo pasa fatal con ellos. Y es que los motivos más frecuentes por los que deseas irte de casa forzosamente, son por huir de los problemas, no llevársela bien con algún familiar, por no acatar ciertas normas,  por tener más libertad o por no ser una carga económica más.

El psicólogo Erik Erikson llama a la etapa que va de los veinticinco en adelante generatividad vs estancamiento: o formas tu propia familia (entendida como un concepto amplio, no como un matrimonio con hijos) y aportas valor al mundo y a la comunidad, o te quedarás atascado.

Sin embargo, es importante destacar que cuando tenemos edad para irnos de la casa, decidimos quedarnos, lo correcto es actuar como si fueras una visita en casa ajena que no quiere causar molestia alguna con los anfitriones. Y también es una locura asumir que los padres tienen que mantener a los hijos pasada una edad, cuando más bien deberían estar ahorrando para viajar o disfrutar de otras actividades.

Y otros quieren ser autónomos y cumplir un proyecto de vida. Tomar sus propias decisiones, que no se metan en tus asuntos, es decir independizarme en todos los sentidos. Pero para comenzar a vivir solo, trae consigo muchas dudas: será que el dinero me alcanza,  si me quedo sin trabajo o me va mal será que puedo regresar a casa de mis padres, y si mejor me quedo y me ahorro la renta, y si ese dinero se los doy a ellos, podre hacer las tareas domésticas, miedo al cambio y así, entre otras dudas.

Irse de casa no debería ser algo traumático, al irse se entra en contacto con realidades diferentes. Cuando te independices descubrirás lo que es importante para ti y lo que no. Pero tienes que probar para saberlo. Y si renunciar a lo cómodo es de valientes, no todos logramos salir de la casa de los papás sabiendo que en ocasiones nos las veremos negras y lloraremos deseando regresar.

El deseo de independizarte puede llegar mucho antes de que estés preparado para irte de casa, eso es normal. Irte a vivir solo no significa que ya no quieras volver a ver a tu familia, no vayas a visitarlos o no puedan ellos visitarte; es sólo una etapa en la vida que tarde o temprano tiene que llegar, de manera positiva o negativa. En algunos casos, es posible que quien se quede en casa demasiado tiempo no adquiera la madurez y las actitudes necesarias para vivir por cuenta propia.

 

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