Thais Hernández.

La discusión acerca de las elecciones del 20 de mayo se ha centrado en su aspecto presidencial, dejando de lado el hecho que también se eligen Consejos Legislativos Estadales y Consejos Legislativos Municipales. Además de presidente de la República, se elige a quienes representarán a la ciudadanía en el eslabón de la cadena institucional más cercano a esa entidad con la que tanto se hacen gárgaras solemnes: el pueblo.

Uno de los logros más importantes que tuvo la democracia venezolana fue la descentralización del Estado, que le dio voz y capacidad de decisión a las regiones y abrió las compuertas para que surgieran nuevos líderes regionales y municipales validados por sus votantes y con autonomía frente al poder central. Caracas, perdía su condición geocéntrica en el universo político venezolano frente a eso que despectivamente se denominaba “el interior del país”. Fue un giro fundamental para el fortalecimiento y modernización de la democracia.

La oposición democrática lo tuvo claro cuando comenzó a trabajar con ahínco en las regiones para contrastar su gestión, allí donde había ganado, con la pésima labor del hipercentralizado gobierno chavista. La prisa del “vete ya” todavía no se había apoderado de la política democrática opositora y a partir de su labor en la gobernación de Miranda, Henrique Capriles estuvo a un tris de ocupar la presidencia.

¿Qué se le ofrece a los militantes y líderes en las regiones, a quienes tengan ganas y fuerza suficiente para medirse electoralmente con los representantes locales de un proyecto que defraudó a los estados que en su momento tanto apoyaron? ¿Hubo consultas con habitantes de pueblos y ciudades para calar si querían o no votar por sus representantes más cercanos? ¿En manos de quienes quedan, y a quienes recurrirán con sus quejas y exigencias para mejorar su cotidianidad vital?

El boicot electoral dejará sin resguardo al reservorio de cambio más importante que tenía la oposición democrática: las regiones, y tomará años recuperar su atención. Quienes apoyaron a su candidato a gobernador en Miranda o Zulia, por tan solo nombrar las perlas de la corona, ahora tampoco tendrán la mano aliada y cercana de un concejal o diputado regional.

Mientras quienes favorecen el boicot electoral deslizan progresivamente sus argumentos hacia el socavamiento de la candidatura y la persona de Henri Falcón, el país real, de las regiones, empieza a preguntarse si de verdad vale la pena el inmovilismo electoral propiciado desde Caracas.

 

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