Fernando Lira.

Venezuela vive un hundimiento muy parecido al del famoso barco Titanic, y la comparación surge motivado al desastre económico venezolano, el cual esta dando sus ultimas patadas de ahogado y al parecer el Gobierno no piensa hacer nada real para solventar la fuerte crisis que atraviesa ese país.

En referencia a la crisis económica se ha dicho mucho y se especula mucho, sin embargo varios críticos y expertos han hablado sobre los pro y contra de la dolarización de la economía venezolana. Recordemos que en la actualidad y desde hace un rato largo, la población viene viviendo un fenómeno donde todos los precios de productos están dolarizados sin embargo los ingresos y salarios no, razón por la cual están en una competencia no ajustada y fuera de cualquier realidad.

Expertos aseguran, que el problema a resolver no es la hiperinflación, sino el desorden fiscal. La hiperinflación ha sido su consecuencia y no su causa. La dolarización, entendida como sustitución de monedas y sustituyendo el bolívar, no puede corregir el actual desorden fiscal. Menos aún cuando una de las cargas del gasto público es el pago de una pesada deuda externa.

La dolarización podría agravar una situación ya muy difícil al añadir costos transaccionales en una economía desorganizada. La dolarización, además, destruiría un instrumento de política económica que otros países del mundo conservarían y que podrían utilizar a su favor. A continuación, algunos comentarios específicos al respecto.

En referencia a lo señalado, Francisco Rodríguez ha expresado que, “La viabilidad de un programa de estabilización esencialmente depende de la credibilidad de la promesa del gobierno de mantener el gasto bajo control”.

Sin embargo, no creo que baste afirmar que “en un país que no ha visto inflación de un dígito en 34 años (de los cuales 19 estuvieron gobernados por el chavismo), este compromiso es difícil de vender”. Tampoco creo que dolarizar resuelva los problemas del control de gastos que, además de la determinación del monto, incluyen los de negociación, asignación, contraloría y financiamiento.

En consecuencia, Francisco Rodríguez señala que si se aceptara que 34 años de inflación y 19 de chavismo son pruebas de una condena histórica, no podría esperarse que sus efectos desaparecieran como consecuencia de un cambio de moneda.

Luego de dolarizar, seguiría siendo cierto que “la autoridad del Estado para decidir la asignación de recursos escasos en moneda extranjera crea enormes incentivos para la corrupción”… continuará

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