Thais Hernández.

Este nuevo año 2018, nos trae muchos retos. Uno de ellos es reivindicar el diálogo en su exacto significado y dimensión, puesto que tiene una carga semántica e histórica que no podemos obviar, y no cualquier conversación conduce al diálogo, a la negociación y al acuerdo.

Desde que se inició el encuentro en República Dominicana, las partes han desatendido este aspecto central, lo cual ha generado confusión en los sectores de la oposición frente a un gobierno que no se molesta siquiera en explicar la materia a sus seguidores. El diálogo es consustancial al ejercicio democrático, como un valor ético de la política civilizada, negada a realizarse a través de las armas y de la violencia.

Por más que el pueblo venezolano tenga una misma identidad que lo particularice frente a otros pueblos, dentro de la unidad es también diverso, complejo y plural. Nadie puede pedirle al otro una absoluta uniformidad, ya que no somos una especie de seres mecánicos, resignados y obedientes. Aún al interior del más modesto hogar, hay pareceres distintos, por lo que resulta lógico que los haya en todo un inmenso país que requiere procesarlos hasta consensuar aquellos que nos permiten convivir en paz.

El diálogo real y sincero, obliga a la comunicación, al intercambio de conocimiento y la empatía con el otro, para lograr un acuerdo mínimo y necesario. No lo hay cuando existe el recelo, la triquiñuela, la zancadilla, la engañifa y la prepotencia de los que se dicen dialogantes, trátese de un padre de familia que debe solventar un caso con el hijo rebelde o trátese de toda una nación que no tiene para comer, incluso, siendo productora de petróleo.

Asimismo, no puede existir diálogo en una sociedad donde no se respete la libertad de conciencia, expresión, reunión, asociación y el derecho mismo de petición a las autoridades. Sólo el diálogo de las cúpulas oficiales y opositoras permitirá la vigencia real e inmediata de esas libertades y garantías indispensables para que haya ciudadanía.

Una sociedad pluralista necesita de decisiones significativas y consensuadas que se traduzcan en instituciones y espacios que resuelvan las diferencias. Por ello, la importancia genuina de las elecciones regulares, pulcras y periódicas; la existencia de un parlamento plural y representativo, donde se siente la diversidad de puntos de vista, como el respeto a los medios de comunicación que deben ser voceros auténticos de la multiplicidad de los puntos de vista.

 

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1 Comentario

  1. En otros lugares se le dice “pendejada”, pero se refiere al mismo hecho de que el más “astuto” se aproveche de los demás siempre sacando provecho para sí mismo. Esto es algo que se repite en muchas partes de Latinoamérica, y una de las razones de su situación actual

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