Fernando Lira.

Hoy día ronda en la cabeza de todos los venezolanos la gran interrogante en función de las elecciones presidenciales. Si sólo se analiza la opinión de quienes se dicen opositores, que son los que menos participan en el proceso electoral, se destacan los siguientes números:

· Nueve de cada diez opositores no confían en que el actual CNE garantice elecciones libres.

· Ocho de cada diez opositores creen que “dictadura no sale con votos”.

· Tres cuartas partes creen que el voto sólo funcionará si se acompaña con protestas de calle.

· Dos tercios de los opositores aseguran que seguirán votando aunque les hagan trampa.

La conclusión básica de las encuestadoras: Datanálisis, Consultores 21 y Deplhos, es que en una elección sin barreras, con el actual entorno de opinión pública, un aspirante opositor de unidad debería obtener la mayoría de los votos. Aunque admiten que después comenzaría el debate sobre si es suficiente o no obtener la mayoría de los votos para que se reconozca el triunfo.

Sin embargo, para un sector muy importante de los ciudadanos, no existen las condiciones mínimas para que la elección sea percibida como justa y condicionan el análisis sobre la disposición a votar y las probabilidades de triunfo de quienes adversan al actual presidente del país.

Según los datos de Consultores 21, si se considera la opinión de todos los electores potenciales (sin discriminar por su intención a participar), un candidato de unidad opositor obtendría un 55% de los votos, mientras que Maduro obtendría el 30%. Una diferencia de 25 puntos porcentuales. No obstante, ése no es el escenario más probable en este momento, marcado por la percepción o dudas que genera el sistema electoral.

Por tanto, en unas elecciones donde la mayoría de los electores se consideren confiables, la participación pudiese ser superior al 63% de los electores inscritos. En este escenario, un candidato opositor obtendría el 50% de los votos y el aspirante oficialista capitalizaría el 35%. Una diferencia de 15 puntos porcentuales.

En consecuencia, el proceso del 20 de mayo del año en curso no es percibido como confiable por buena parte de los opositores e independientes. En este sentido, si sólo se considera la opinión del 36% que dice estar en este momento muy dispuesto a votar (mayoritariamente quienes se dicen chavistas), el candidato oficialista tendría el 56% de los votos y el aspirante de oposición capitalizaría el 41%.

 

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