Tal vez la privilegiada ubicación geoestratégica de Venezuela ha constituido siempre un lugar de sosiego y relativa paz para los desplazados, que ha habido en distintas épocas en Latinoamérica y de otros países del mundo. Ante las amenazas previas y durante las guerras civiles, las migraciones desde muchas latitudes, desde los rincones más inimaginables de la tierra, habían tenido la nación como espacio seguro de cohabitación. Venezuela siempre había sido hogar abierto para el recibimiento afable de los inmigrantes.

Desde múltiples procedencias para quienes buscaban amparo y refugio ante las calamitosas condiciones políticas, etno sociales, por catástrofe natural, por persecución narcoterrorista, atravesadas en sus lugares de orígenes. Hacer memoria histórica en torno a este problema que hoy confrontan; que pensábamos que jamás esta ola de perversión nos alcanzaría. La dispersión o diseminación de las poblaciones por el mundo es asunto de vieja data. Existen serias narrativas, bastante documentadas.

Diáspora por motivaciones de todo tipo; pero fundamentalmente por asuntos étnicos, políticos, religiosos etc. Sin embargo, hoy ya se ha hecho de uso común el término diáspora para cualquier grupo humano; sin que se ingrese a considerar las obligantes circunstancias que conllevan a ese grupo a humano a huir de su lugar de origen natural. En los últimos quince años, en Venezuela se está viviendo en una especie de Estado de Excepción permanente. Hay una encubierta política de Estado para provocar una indetenible diáspora.

No caben dudas. Por los análisis que se vienen haciendo, al régimen le favorece que los connacionales abandonen el país.La situación económica para todos los estratos sociales se ha vuelto insufrible. Tamaña desesperación ha conllevado a muchos compatriotas el más reciente estudio habla de casi cinco millones a dejar su suelo nativo, y probar suerte fronteras afuera. Se consiguen venezolanos en casi todas las naciones del mundo en procura de mejores posibilidades laborales. Pero, no todo es color de rosa. Ya países amigos que hasta ayer les ofrecían algunas posibilidades de ingreso, se han vuelto herméticos, restrictivos; sumamente exigentes para facilitar la permisología respectiva.
Las familias venezolanas, que formaron profesionalmente a sus hijos, hoy los ven partir con angustia, dolor y tristeza emociones encontradas que refuerzan sus alas para los emprendimientos; así además, ensanchan sus raíces para sostenerse, donde quiera que lleguen, con talento y probidad. Los venezolanos que han emigrado, en su gran mayoría ocupan destacados lugares en la administración pública o privada.

 

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