José Ernesto Aguiar

Al igual que en la ópera Payasos, que coincidencia, ¿no?, la comedia se acabó, “la commedia é finta”, y se acerca el final para el régimen dictatorial que encabeza InMaduro.

Estas últimas elecciones presidenciales, más conocidas como “la gran farsa”,se ubican, sin dudas, en los tramos finales de la dictadura.

InMaduro hizo sus elecciones y , jejeje ¡oh sorpresa!, fue reelecto. ¿Qué pretendía con ello? Ser reconocido como un presidente legítimo. Lo único que consiguió fue el reconocimiento de China, Rusia, Irán, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa, quizá Lula desde su celda, del gobierno frenteamplista de izquierda y “progresista” de Uruguay, de quien más?, de Rodríguez Zapatero?, de tan triste papel y en el cual, bueno es recordarlo, lo acompañó un buen trecho el papa Francisco que hoy está más ocupado en respaldar a los dirigentes sindicales peronistas izquierdistas argentinos y condenar al FMI, elementos claves, supongo, en lo que tiene que ver con la Doctrina de la Fe y de dar misa en San Pedro.

En concreto InMaduro y sus cómplices delincuentes no consiguieron nada. Todos esos reconocimientos, y algún otro más, ya los tenía.

Lo que consiguió fue confirmar que la mayoría de los venezolanos lo rechaza.

Le sirvió para probar de forma fehaciente lo que casi todos sabían y que todavía algunos sospechaban y que ahora han dejado de hacerlo.

Las propias “cifras oficiales”, con todo lo que ellas implican, lo certifican. InMaduro lo que debería hacer es plantarse en el medio del escenario y, como el payaso , anunciar que la comedia se acabó y que se va.

Pero el telón no va a caer tan fácil. InMaduro está enfermo de soberbia, afiebrado de poder y no se irá tan fácilmente. Pero aun si lo quisiera no puede hacerlo, esta preso de quienes lo respaldan que son, junto con él, quienes se han adueñado –léase robado– de una buena parte del patrimonio y las riquezas del pueblo venezolano y otra muy buena parte la han enajenado miserablemente. Cómo no va apoyar Cuba la reelección de Maduro, si ellos han bebido tanto y por tantos años de esa fuente.

Que nadie espere grandezas pero están acorralados y desenmascarados y eso es bueno y malo a la vez. Es bueno porque implica que se está cerca de final y malo por cuanto al no tener salida ni adonde irse pueden aun hacer mucho daño al sufrido pueblo venezolano.

En tanto, Daniel Ortega, desde Nicaragua, debería mirar con mucha atención el caso venezolano. Puede que él, todavía, esté en mejor posición que Maduro; con más chance para negociar su salida. Es cuestión de admitir que la cosa se le ha escapado de las manos por un lado y que se le fue la mano por el otro. A Ortega se le fue la mano en la represión; el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA es muy duro e ilustrativo y quieren investigar más.

Para Ortega también “la commedia è finita”, aunque aún puede negociar. Puede que lo máximo sea negociar “su ida”, como le han dicho los estudiantes, pero quizá eso no sea tan poco.

InMaduro parecería que no tiene ni siquiera esa chance.

 

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1 Comentario

  1. Esa soberbia sólo demuestra la calidad de perdona que es, y lo peor que son los propios venezolanos quienes dan el rechazo a su gobierno

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