Thais Hernández.

Con el título Venezuela, la caída sin fin ¿hasta cuándo? la UCV, la Ucab y la USB han publicado un libro con los hallazgos de su Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, Encovi 2016, un estudio independiente que llena el vacío de las estadísticas oficiales, sea por inexistentes o por inaccesibles, y nos ayuda a vislumbrar tanto la gravedad de nuestra realidad como la dirección a dónde deben apuntar las soluciones para su superación.

Una muestra de 6.413 hogares representativa de la Gran Caracas a los caseríos, nos dice del impacto que la prolongada recesión ha tenido en la vida de los venezolanos. Baste un dato, en 2014, la situación de pobreza de ingresos alcanzaba al 53% de las familias. Dicha proporción aumentó a 75% en 2015, es decir tres de cada cuatro hogares venezolanos.

Para alcanzar en 2016 el 82%. Es imposible no pensar que la situación ha empeorado en 2017, conocido el ritmo de la inflación, la escasez originada en la caída continuada de la producción y la reducción drástica de las importaciones, y los otros datos que son el pan nuestro de cada día. Lo del pan es un decir, claro, dadas las colas de las panaderías.

A mayor pobreza menos educación, porque más miembros del grupo familiar deben dejar la escuela para ayudar a la búsqueda de la subsistencia económica, mientras que, por otra parte, la percepción de la violencia determina pérdida de cohesión social. Además, la expansión del sistema educativo se detuvo y revierte. Retroceso en la educación y debilidad en la cohesión social son, a su vez, factores empobrecedores.

El estudio sobre el patrón de consumo de alimentos arroja conclusiones más que preocupantes en cuanto a número de comidas diarias, calidad de la ingesta, pérdida de peso y enfermedades ligadas a los hábitos alimentarios. El empleo muestra un deterioro sustancial en su calidad en cuanto a informalidad, vulnerabilidad y precariedad. Políticas económicas erradas empobrecen el mercado laboral pues su efecto dañino en el aparato productivo tiene que disminuir la oferta de empleo decente y productivo.

Mientras la seguridad social también retrocede y se observa aumento en el uso de clínicas privadas, incumplimiento de tratamientos por acceso a medicamentos, sea por escasos o por costosos. Angustia cómo todo esto afecta el desarrollo, la morbilidad y la mortalidad infantiles. Este no es un retroceso sin fin. La cuestión es cambiar el modelo que nos ha empobrecido.

 

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