Fernando Lira.

Los ciudadanos venezolanos a excepción del presidente Maduro y su gabinete vive sumergido diariamente en constante estrés motivado a la escasez de alimentos, medicinas y demás productos de primera necesidad, como el desempleo, el alto costo de vida y otros indicadores de la crisis.

La crisis es tan amplia que nadie escapa de ella, el que vive en una zona popular encuentra todo caro, ya no hay tanta diferencia con otras zonas y no tiene solvencia pero le llega la bolsa CLAP.

Por otro lado, el que trabaja, y por fortuna tiene un buen sueldo o ingreso mensual y no le llega la ayuda alimentaria (bolsa clap) gasta la mayor parte de su dinero en productos de primera necesidad y también se queda sin solvencia, esa situación genera un grado de angustia que termina afectando la salud de las personas.

Especialistas indican, que la incertidumbre afecta el cerebro y el cuerpo de cada persona, indicando específicamente que al estar sometido a situaciones de estrés, tales como la situación del país, la amígdala (parte del cerebro localizada en el sistema límbico que se encarga de las reacciones primitivas) se irrita, lo que produce que el comportamiento del hombre se exacerbe.

Pese a tan difícil situación que se padece, el gobierno de Nicolás Maduro se enorgullece en afirmar que la economía es supuestamente sólida porque aumenta el salario hasta cuatro veces al año, pero no admite que dicho “aumento” poco significativo, se da en el marco de una economía con la mayor inflación del mundo y con los salarios más bajos de la región.

Sin embargo, lo que hemos observado es que las medidas del Estado son cada vez más erradas y lejos de la realidad, lo cual solo deja claro que Maduro está desesperado. Muchos expertos aseguran que los asesores de su “gobierno” sólo le han recomendado la política del clientelismo político para tratar de mantener de manera forzada o comprando consciencias.

La ayuda social con los bonos solo llega a un grupo de personas que esta alrededor de unos ocho millones de “beneficiados”, las cuales sólo terminan por acelerar el proceso hiperinflacionario, al ser un gasto social improductivo (aunque algunos vengan con eufemismos), cuyo origen de los fondos está en una impresión desbocada de dinero electrónico que conduce hasta que los propios beneficiarios se vean perjudicados por esas acciones, porque a la final esa ayuda no servirá sino para comprar la comida de unos pocos días con suerte.

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