Múnich (Alemania), 16 feb.- El presidente ucraniano, Petró Poroshenko, instó a la comunidad internacional a no dar “ninguna oportunidad” a la Rusia del presidente Vladímir Putin y mantener las sanciones económicas a Moscú.

Poroshenko hizo estas declaraciones en su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), un foro clave sobre política internacional que se celebra hasta el domingo y en el que la crisis ucraniana, con los episodios de Crimea y el Donbas, lleva años siendo protagonista.

“Ucrania es un campo de batalla clave para la seguridad y los valores de Europa”, afirmó el presidente ucraniano que, tras sacar una bandera europea en medio de su discurso, pidió a la audiencia: “Mantened la puerta abierta para Ucrania. Sea la UE o sea la OTAN”.

Poroshenko pidió a sus aliados occidentales que sean firmes defendiendo su valores, que defiendan “la verdad” frente a la propaganda y las mentiras del Kremlin, que se olviden de cualquier “ilusión” sobre los intereses de Moscú y que no se dejen llevar por las voces que piden tratar de “entender” a Rusia.

A su juicio, hay que “mantener las sanciones económicas” impuestas a raíz de la anexión rusa de la península de Crimea porque “están funcionando” y hay que “reforzar la capacidad de resistencia de Ucrania”, que realiza un gran esfuerzo económico por el conflicto y por las reformas estructurales que está implementando.

A juicio de Poroshenko, Rusia tiene ambiciones imperialistas y su “guerra híbrida”, en relación al empleo combinado de tácticas militares, propagandísticas y de desinformación, se está haciendo global.

Además pidió a Putin que implemente la parte rusa del Acuerdo de Minsk, el pacto que firmaron en 2015 Kiev y Moscú con la mediación de París y Berlín, aunque consideró que el presidente ruso no pretende pacificar el Donbas, sino “congelar” el conflicto y manejarlo desde la distancia.

La agenda de la MSC está cargada de temas como Ucrania, Siria, Yemen y Corea del Norte y entre los participantes destacan el secretario de Defensa de EE.UU, James Mattis, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y la primera ministra británica, Theresa May.

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