Thais Hernández

Entre las múltiples protecciones ciudadanas que brinda la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tan pisoteados en la Venezuela actual como la Constitución y toda legalidad o pacto nacional e internacional que no tenga que ver con el regalo petrolero a algunos comprados países caribeños, se encuentra una, registrada en el artículo 22, que se aprecia como de soslayo y tiende, por tanto, a dejarse injustamente de lado; posee repercusiones a la vez económicas, sociales y psicológicas.

Se trata de la seguridad social del individuo que debe ser garantizada por el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, para lograr la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad. Tanto la dignidad como el libre desarrollo de la personalidad están altamente comprometidos en nuestro país, ante la más ignorante de las miradas desde el poder totalitario. La dignidad resquebrajada se puede constatar a diario en las calles, cualesquiera, de cualquier región.

Humillantes colas para todo, ante la escasez, las regulaciones y todo tipo de límites que se le imponen al individuo. Colas bajo el sol y la lluvia, colas de gente de edad tercera, a veces enferma, adolorida, envejecida, que redobla la calamidad humana que a diario se sufre. También puede cotejarse en la búsqueda de alimentos en las bolsas de desperdicios que se colocan en la calle, a la espera del camión colector; en los hospitales donde se ruega atención que no puede ser brindada, porque la protección que debe garantizar el estado en ese sentido no existe.

La dignidad queda en rezago cuando tiene la familia que depender de una bolsa impuesta para comer cada mes, con un sueldo mínimo que no cubre lo mínimo para la vida y con una bonificación para alimentación que no alcanza a diario para caramelo siquiera. Dignidad cuando tienes que demostrar tu fidelidad a un partido, y al régimen, blandiendo un carnet de la patria para consumir algo, para acceder a algunos beneficios que otorga la dictadura como un descuento en la gasolina. La vulneración a la dignidad ciudadana es una de las violaciones a los Derechos Humanos.

Esta situación incide enormemente en la diáspora de los jóvenes venezolanos por el mundo, en busca de un aliciente que les permita, verdaderamente, expresarse con libertad, desde su personalidad, de tal manera que el trabajo productivo le brinde la posibilidad.

 

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