Thais Hernández.

En Venezuela durante las últimas cuatro décadas o bien la política ha sido difícil o bien nuestros políticos han sido unos ineptos o peor aún, las dos cosas juntas. Sacando cuentas, el único logro político notable, en el sentido de buscado y conseguido, durante ese período fue la defenestración de Carlos Andrés Pérez, fruto del hábil cálculo de la conjura y maniobra de ciertas élites económicas y políticas de esos tiempos.

Elecciones con un gobierno dividido internamente, con más del 80% de desaprobación y con un potencial electoral nunca superior al 25%, al filo de un default sistémico estrepitoso, pero teniendo a favor a una oposición política igualmente dividida, contrapuesta en lo táctico, que no ahorra zarpazos entre sí para beneplácito del enemigo común y carente de la confianza mayoritaria del electorado. Estamos ante el peor momento para el país, el gobierno y sobretodo para la oposición venezolana.

En este panorama difícil para todos, Maduro y Henry Falcón a contracorriente inscriben sus aspiraciones presidenciales. Los cálculos de Falcón se sustentan en los niveles de rechazo al gobierno, en la aparente disposición mayoritaria a votar, la posibilidad de transformar el deseo casi unánime de terminar con esta pesadilla en voto efectivo, pero sin ser el líder opositor favorito en las encuestas y registrando en ellas niveles apreciables de rechazo, como todo el liderazgo político actual.

Entre él y el resto de la oposición se han cruzado señales para no pugnar entre sí. Hasta el momento ha conseguido que el CNE restituya los centros electorales a sus ubicaciones originales, que se realicen las debidas auditorías, que se abra el RE, que se distancien los puntos rojos chavistas, que se acepte la observación y acompañamiento de observadores internacionales imparciales.

Toda elección es un debate emocional. Para ganarla Falcón ha de significarle a muchos la razón misma para votar, porque hay bastantes que ven en él la razón para no hacerlo. Han de hacerle evidente que es preferible un Falcón Presidente que un Maduro entronizado. Parte del secreto es conectar su narrativa con las angustias, temores, rabias, miedos y esperanzas actuales de los electores.

Estas dos dimensiones emocionales conjuntamente con el mapa de imagen son los recursos para el posicionamiento cognitivo y emocional necesarios para ser ver a Falcón como la vía de la salida de Maduro. No es fácil, pero quién dice que imposible y la peor diligencia es la que no se intenta.

 

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