Thais Hernández

Localizándonos en Venezuela tras ya veinte años de Revolución Bolivariana, la dicotomía citada es más relevante que nunca. En este punto, se ha vuelto obvio que el camino revolucionario planteado por Hugo Rafael Chávez Frías llevó a la más tenaz ruina y a que todo logro de la democracia precedente fuese demolido. Ya por ahí aprendió, por las malas, de los peligros inherentes del revanchismo y la ceguera emocional. En retrospectiva sabemos que el cambio político radical fue un remedio peor que la enfermedad.

Probablemente, el mejor curso de acción era emprender un sendero moderado y reformista que fortaleciera a las instituciones mermadas y combatiera a las causas del malestar social. Ahora bien, que ello haya podido ser lo mejor en ese entonces, no significa que fuese lo mejor en la Venezuela de hoy. Las circunstancias de 1998 no son las mismas del 2018, ni las del futuro próximo. Con esto se quiere introducir una discusión que, francamente, no se está teniendo o, peor todavía, no quiere ser abarcada por determinados grupos de interés.

Siendo el hecho de que Venezuela está literalmente muriéndose por un cambio absoluto que la saque de la desgracia actual, pues nadie, salvo el sinvergüenza o el crédulo, duda sobre la necesidad de un cambio de rumbo, es que vale la pena preguntarse será que esta vez se necesita una Revolución. En este debate puede haber una multiplicidad de ópticas. Para empezar podemos explicar la más obvia; aquella que se desliga de nuestra propia experiencia. En este sentido, la Revolución está directamente asociada a tendencias políticas de izquierda y, en específico, al marxismo.

Por otro lado, a los efectos de los moderados de la clase política opositora, la Revolución se traduce, conforme a la segunda acepción de la palabra según el diccionario, en un cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional. Es por esto, que los referidos sectores, indistintamente de que sus intenciones sean nobles o maquiavélicas, pontifican hasta el cansancio sobre la necesidad de una salida pacífica y constitucional.

Los referidos ejemplares demuestran una óptica de la Revolución teñida por las grandes cicatrices dejadas por la versión marxista del término y las grandes barbaries de otros casos.

Nadie quiere una Revolución como la Bolchevique o como la francesa con su saldo de masacres y locuras. No se quiere una patria reducida a cenizas.

 

—————————————————————————————
Usa Hispanic no se responsabiliza del contenido de los artículos de opinión, siendo cada autor responsable de sus propias creaciones.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here