Los cuidacoches, o “trapitos” en Argentina, existen en todas partes. Estos sujetos se encuentran en las calles para, como dice la palabra, cuidar los autos en la vía pública cuando los dueños deciden dejarlos expuestos en vez de pagar los carísimos precios de las cocheras. Algunos desarrollan esta actividad como medio de subsistencia, sin exigir una paga fija; pero hoy en día en el país conforman una red organizada mafiosa.

En un primer momento, cuando estos sujetos aparecieron en la vía pública, no pedían un monto fijo por el servicio, sino que el dueño del auto ofrecía lo que tenía. Hoy en día exigen una suma fija y te aseguran que el auto estará bien cuidado, pero con la amenaza implícita de que ante la negativa a pagar lo pedido, el auto y el dueño pueden sufrir las consecuencias.  En la actualidad hay una multa para las personas que realizan ésta actividad pero no hay antecedentes de casos que hayan avanzado en la justicia ya que es muy difícil de probarlo.

Esta actividad se transformó en uno de los problemas principales para el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde se encuentran ramificados. Desde la llegada del PRO –con Mauricio Macri como jefe de gobierno- en 2007, que los “trapitos” forman uno de los principales impedimentos y queja por parte de los ciudadanos porteños que se ven presos de esta red que hoy en día optó por utilizar la extorsión como medio de transacción.

El inconveniente más importante que tiene la Ciudad es que no hay una ley que regule ésta actividad, por lo que estos personajes se encuentran en una zona de libre albedrío difícil de frenar. Desde el PRO, que gobierna en la ciudad desde el 2007, intentaron presentar un proyecto de ley para este problema, pero nunca logró el consenso para avanzar hacia la ley final.  Hasta el año pasado, el principal opositor fue el Kirchnerismo, que buscaba crear un registro de cuidacoches, pero ahora también nació la propuesta de una legisladora que quiere permitir a los “trapitos” y transformar la actividad en legar para que sea una salida para personas vulnerables socialmente.

Ante el aumento de las cocheras, los automovilistas deciden dejar sus autos en las veredas pero se encuentran ante un círculo vicioso: si lo dejan en la calle, deben regirse por las reglas de éstos hombres que no dudarán en tomar represalias en caso de que no accedan a pagar lo pedido. Esto a su vez genera inseguridad, no sólo en los propietarios de los autos, sino en los vecinos que se ven expuestos a estos sujetos, que muchas veces delinquen en la zona o forman parte de redes criminales.

Si el gobierno de la Ciudad avanza con nuevos proyectos de ley para regularlos, esperemos que logren el apoyo necesario o que, en su debido caso, sea el PRO el que deje de lado su iniciativa para apoyar a otros legisladores. Uno de los principales valores que Cambiemos intentó demostrar fue el pluralismo, ojalá que éste sea un ejemplo.

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