Jesús Sánchez-Cañete

Es muy difícil de imaginar que una persona que haya sido presidente del gobierno español y otro jefe del estado mayor conjunto de sus fuerzas armadas puedan haberse convertido en traidores. Sin embargo, esta es la triste realidad, Zapatero ahondando y profundizando las diferencias políticas entre los españoles con su macabra “Ley de la Memoria Histórica” que bien podía llamarse “Ley de Distorsión de la Historia de España”.

Y el otro, un militar profesional que habiendo jurado la constitución española manifiesta y actúa constantemente contra la constitución y unidad de España.

Zapatero promoviendo su comunismo marxista leninista no sólo en España si no con sus “intervenciones” en Venezuela. Rodríguez dando apoyo a enemigos de España como Podemos y los partidos independentistas catalanes.

Uno, Zapatero, queriendo asumir el papel de Julio Álvarez del Bayo y el otro el de Ramón Franco.

En distintas declaraciones del “democrático” José Julio Rodríguez a prensa catalogada como simpatizante o propulsora del independentismo como aparenta ser el diario “La Vanguardia” en fechas no muy lejanas, se atrevía a arrogarse la representación del ejercito al afirmar que, en el hipotético caso, de la declaración de independencia de Cataluña, el ejército no actuaria”.

Quizás José Julio Rodríguez quiere hacernos creer a través de sus declaraciones que el ejército español se volvería tan traidor a sus juramentos como lo ha sido él.

La única razón que el ejército español no intervendría sería por que no fuera necesaria su intervención. La policía nacional y guardia civil, con unos mozos de escuadra catalanes al servicio de la constitución y al estado español serían más que suficientes para establecer la legitimidad soberana.

Estamos seguros de que 2017 no es 1931 donde el ejército español asistió impávido a la transformación en unas horas de una España monárquica a otra republicana.

El ejército que, con su no intervención en 1931, con el fin de evitar una represión militar, se dio cuenta posteriormente, que si hubiere intervenido en 1931, quizás se hubiera evitado la guerra civil del 1936.

Se da la paradoja de que, si hubiera un referéndum a nivel nacional en que la pregunta fuera la independencia de Cataluña, muchos españoles, cansados de que por más de 150 años y sin importar de que tendencia política fuera el gobierno de turno, las mayores industrias fueran instaladas en Cataluña y País Vasco, votarían un claro SI a su independencia.

Estamos por completo de acuerdo en reconocer las distintas diferencias culturales e idiomáticas que existen dentro del estado español, pero ello no es razón para atentar contra la unidad de España.

No nos queda si no preguntarnos. ¿La famosa “transición española” no pudo ser si no un preludio y acicate para dar vida a intereses separatistas?

En dicha “transición española” se delegaron funciones como educación que sólo han servido en estos casi cuarenta años desde la promulgación de la constitución si no para educar, tanto en Cataluña como en el País Vasco, contra todo lo que signifique ser español.

Así mismo estableció dicha “transición” unas autonomías ineptas y fruto de anti españolismo.

La mal llamada “transición” por acabar con el franquismo inició una lenta descomposición de la unidad de España.

Zapatero y Rodríguez son producto clásico de dicha descomposición.

 

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