Aprender a aprender implica irremediablemente, equivocarse. Sin error o sin equivocación no existe aprendizaje ni avance posible, y esta máxima se aplica a lo largo de toda la vida, igual para alumnos que para adultos abogados, químicos, profesores o investigadores. Una escuela del siglo XXI se caracteriza por ser un espacio ideal para aprender de nuestros errores. Solo fallando se puede crecer y solo fallando se puede crear.

Todos cometemos errores, pero no todos los enfrentamos de la misma manera. Enojo, frustración y miedo son los sentimientos que más comúnmente nos invaden cuando nos equivocamos, pero hay quienes en lugar de lamentarse deciden aprovechar la experiencia para aprender y salir adelante.

 Hay miles de ejemplos de faltas que han llevado a grandes descubrimientos, por ejemplo, Alexander Fleming, quien descubrió la penicilina cuando accidentalmente dejó abierto uno de sus frascos de laboratorio.

Un estudio reciente que publicó la revista Psychological Science, encontró que las personas que piensan que pueden aprender de sus errores tienen una reacción cerebral que les permite recuperarse con éxito después de cometerlos. Por el contrario, la gente que asume los errores en sentido negativo, se frustra, se bloquea y, en un segundo intento, lo más probable es que vuelva a fallar.

 7 pautas para ayudarles a aprender de los errores:

– Hazles saber que no esperas que sean perfectos. 

– No rescates a tus hijos de sus fallos. En lugar de esto, céntrate en la solución.

– Dales ejemplos de tus propios errores, las consecuencias y como has aprendido de ellos.

– Anímales a ser responsables de lo que hacen mal y no echar la culpa a otros.

– Evita recordarles sus fallos y frases tipo “Te lo dije”. Es importante dejarles que se equivoquen aunque desde fuera se vea claro, porque sólo así es como podrás ayudar a que aprendan.

– Alaba su habilidad para aceptar errores y su esfuerzo y valor para afrontar contratiempos.

– Enseñales a disculparse cuando sus errores han lastimado a otros, pero también a comprenderse, respetarse y como no, a perdonarse a sí mismos.

Sin equivocaciones no aprendemos, tenemos que descubrir el gran valor de identificar el error como la mejor escuela del día a día. Los errores son información. No valorar solo los éxitos, y ver el fracaso como una oportunidad para aprender es parte del proceso de aprender a aprender.

 

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