Zulay Hernández.

Por los diversos ruidos que tienen que ver con la vida cotidiana, es muy difícil lograr silencio total en la mayoría de los ambientes, si a caso en los hospitales y bibliotecas. Esto hace que sea necesario generar de manera voluntaria espacios en los cuales el silencio sea elemento fundamental, a fin de obtener parte de sus beneficios.

El silencio es un método comunicacional, pues la generación de silencios o pausas entre las palabras puede tener mucha más significación que los mismos momentos en los que se esta hablando. Si bien algunos podrían encontrar la idea de silencio atractiva, la verdad es que la mayoría no lo ven así. Tendemos ahogar el silencio con ruido constante. En el coche, encendemos la radio. En el hogar, los televisores funcionan constantemente no para que podamos verlos, sino como un reconfortante ruido de fondo o simplemente para no sentirnos solos.

Pero quizás, lo que más tememos sobre el silencio es estar a solas con nuestros propios pensamientos. Cuando somos confrontados con un silencio absoluto, comenzamos a escuchar la caótica carrera de los pensamientos que llenan nuestra mente o corazón. El silencio nos obliga a ir dentro de nosotros mismos, y a menudo a sentir cosas que no queremos encontrar.

Sin lugar a dudas, todos los grandes santos, místicos y maestros espirituales prescriben el silencio como un medio seguro a la santidad, a la reflexión o a la oración. En relación a esto, el silencio puede ser bello, poderoso y curativo. Que cuando sólo se puede hablar escribiendo una nota, se dice lo que es importante y que al hablar decimos poco. Que cuando estamos en medio de una discusión o conversación donde se sienta rabia, impotencia, ganas de golpear o salirse de control, el silencio es muy efectivo. Sobre todo el silencio es importante eficaz cuando somos capaces de juzgar, criticar o hablar mal de los demás.

El silencio también nos enseña que la sencillez y la alegría son compañeros cercanos. Cuanto más silencio tiene una persona en su vida, más pueden darse cuenta y disfrutar de los placeres simples de la vida, sin todas las distracciones del mundo.

Además según estudios científicos, el silencio es bueno porque, regenera las células del cerebro, favoreciendo la memoria, emociones y aprendizaje. Nos permite conocernos, centrarnos en lo importante, y reducir el estrés y la ansiedad. Entre otros beneficios es por ello que, se recomienda que en nuestra vida diaria hagamos la prueba de pasar en silencio sólo por un momento.

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