Fresno (CA), 15 may.- El Valle Central de California, ombligo del progresista Estado Dorado, mantiene desde el siglo XIX una cultura rural conservadora que lo hace ser uno de los escasos bastiones republicanos de una región que presume de sus medidas reformistas.

El conservadurismo californiano pervive desde que los pioneros “blancos” poblaron la región después de la anexión de California a Estados Unidos con el tratado “Guadalupe Hidalgo” con México en 1848, explica a Efe Dvera Saxton, doctora en antropología.

Al Valle Central, franja de tierra fértil de 720 kilómetros de largo por 100 de ancho, llegaron pocos años después muchos “sureños” derrotados en la guerra civil que se vivió en el país entre 1861-1865 y se refugiaron en la región, explica Tom Willey, de 70 años, hacendado del condado de Madera.

Tanto Saxton como Willey coinciden en apuntar que la fuente de riqueza de estos blancos fue porque “se tomaron gran parte de la tierra en que vivían indios estadounidenses y mexicanos”.

El granjero esboza un panorama de la California de ahora como un “reflejo” de todo EE.UU, donde en la zona costera están las grandes ciudades y allí los votantes son más progresistas, mientras que, “en el interior rural, la gente es más conservadora”.

“Hay algo con la gente que posee y trabaja la tierra que hace que se sientan oprimidos, sin importancia, por eso son más conservadores que la gente urbana”, indica Willey a Efe sobre muchos de sus vecinos del agrícola Valle Central, con 6,5 millones de residentes (para un total de más de 39 millones en todo el estado).

Pero no solo en las zonas más rurales, pues Fresno, principal urbe de la región y con casi medio millón de residentes, fue considerada la gran ciudad más conservadora del estado, junto con Anaheim, y decimotercera del conjunto del país, por un reporte del Pew Research Center publicado en 2014.

Saxton indica que California, cuyo Valle Central es una de las zonas más ricas del estado por su actividad agrícola y petrolera, tiene una “larga historia de privilegiar y priorizar los derechos de gente blanca”.

El poder económico de la zona es evidente sólo con recorrer las principales carreteras interestatales que recorren los camiones que transportan las frutas y verduras para los mercados del resto del país.

Y ese conservadurismo quedó patente en las pasadas elecciones presidenciales, cuando la aspirante demócrata, Hillary Clinton, ganó al presidente Donald Trump por 30 puntos de diferencia, aunque en 25 condados, en su mayoría en la región “blanca rural”, se votó por el magnate neoyorquino.

Y una representante del conservadurismo de esa zona es Margaret Mims, jefa del Departamento de Alguaciles del Condado de Fresno, quien se puso del lado de Trump en sus políticas contra la inmigración indocumentada.

Mims articula la forma de pensar de los conservadores del Valle al tomar posición en contra de la ley que convirtió a California en “estado santuario” de inmigrantes el 1 de enero, al considerar que esta medida protege a indocumentados que han “cometido crímenes”.

La alguacil, quien contó que su primer empleo fue cosechar uvas, acepta que sus raíces también “son inmigrantes” y por ello no se considera “antiinmigrante”.

Grisanti Valencia, miembro del Comité de Inmigrantes del Valle Central, critica las políticas conservadoras contra indocumentados en su región y describe Fresno, donde vive, como una urbe somnolienta en la que los inmigrantes viven con temor.

“La única razón por la que nos quieren aquí es para que podamos trabajar las tierras (…) pero no necesariamente porque les importen nuestras vidas”, dice Valencia sobre una realidad que marca el duro contraste de las progresistas Los Ángeles y San Francisco con esta zona rural del interior.

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