Argentina una vez más en problemas acude al FMI

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Días atrás el presidente argentino Mauricio Macri anunció el inicio de conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para una línea de crédito. La decisión viene luego de una fuerte batalla que el peso argentino parecía estar perdiendo y podría aplacar a los mercados financieros y dar tiempo para que el gobierno continúe sus reformas graduales.

Pero el acuerdo vendrá con un alto precio ya que el FMI no está bien visto en Argentina y es visto con razón o no, como el principal culpable del colapso económico, social y político de diciembre de 2001. El origen de la actual crisis financiera fue el cambio de las inversiones financieras a corto plazo de los mercados emergentes a los desarrollados, en respuesta a la política de la Reserva Federal de Estados Unidos de elevar las tasas de interés.

Esta turbulencia golpeo a la Argentina muy fuertemente, poniendo en peligro el futuro del enfoque gradual de la reforma de Macri. El país sudamericano es particularmente vulnerable a este shock externo porque depende de emitir deuda para mantener su alto déficit en cuenta corriente y lo que es más importante, debido a la reciente erosión en la confianza del mercado en la capacidad del gobierno para continuar implementando las reformas económicas.

Esta falta de confianza proviene de factores económicos como la inflación persistentemente alta y de la mínima tasa de crecimiento de alrededor del 2 por ciento esperada para 2018.

Con el peso saltando de 19 a 24 por dólar en cuestión de días, el Banco Central intentó calmar al vender $ 5 mil millones de sus reservas y luego elevar las tasas de interés al 40 por ciento. Ambas medidas fueron insuficientes producto de una historia de alta inflación.

Los precios en la economía argentina están informalmente vinculados al dólar, lo que hace a los ciudadanos particularmente sensibles al tipo de cambio. Una mayor depreciación del peso habría acelerado la inflación aún más a pesar de las promesas del gobierno.

Si bien la mayoría de los países latinoamericanos implementaron programas de ajuste estructural respaldados por el FMI en los años ochenta y noventa, el Fondo Monetario es particularmente temido en Argentina ya que desde que asumió el poder en 2003, Néstor Kirchner y su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, culparon al FMI por el alto endeudamiento y la desregulación que llevaron a la crisis de 2001, una opinión compartida por más de la mitad de la población.

La decisión de Macri de regresar al Fondo, por lo tanto, toca un nervio sensible de la historia reciente de Argentina, y trae recuerdos del colapso de la década de 2000. El mejor escenario sería que el FMI extendiera una Línea de Crédito Flexible (FCL), un tipo de asistencia no condicional reservada para países con fundamentos económicos muy sólidos y registros de seguimiento de políticas. En marzo pasado, Macri dijo ante el Congreso que “lo peor ya pasó”, argumentando que después de algunas reformas dolorosas, Argentina finalmente había entrado en un período de crecimiento sostenido y una inflación más baja. Una evaluación muy optimista que al día de hoy se puede decir que no funciono. La crisis actual muestra que resolver los numerosos y complejos desafíos económicos de Argentina tomará mucho más tiempo del previsto originalmente.

 

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