Por José Ignacio Rodríguez

Los hebreos salieron de la esclavitud de Egipto y anduvieron por un desierto grande y espantoso, en términos bíblicos, lleno de serpientes venenosas y escorpiones. Todo parece indicar que el moderno Israel sigue andando en medio de un desierto espantoso, de incomprensión internacional, plagado de serpientes venenosas y escorpiones.

Las penúltimas acciones terroristas de Hamás desde Gaza, de Hezbollah desde Líbano y de sus homólogos iraníes, de la guardia revolucionaria desde Siria, nos permiten visualizar lo que es un desierto espantosamente envenenado. Un desierto de maldad lleno de venenosos reptiles y peligrosos escorpiones. Una visión más amplia nos dejará ver también a un pérfido Assad, con su aguijón de arsenal químico, que está envenenando a medio mundo y que además se cree omnipotente. Un espantoso y degradado desierto en el cual el oso ruso se ha adaptado, a vivir y a dominar. Un depredador del norte que está por encima de todos los demás, en la cadena alimenticia del mal.

El conocido y venenoso escorpión negro del Líbano, jeque Hassan Nasrallah, sigue desde su lúgubre agujero inoculando su mortal veneno a sus esclavos de la secta de Hezbollah para que se suiciden asesinado, a cuantos judíos puedan. La droga ideológica que recibían los aviadores japoneses kamikaze, para que se suicidaran estrellando sus aviones contra los barcos norteamericanos, es la misma mortal droga que anula la capacidad de decisión que inocula Nasrallah, a sus esclavos del mal.

Una secta que promueve el suicidio colectivo de sus miembros, pero asesinando a judíos, cristianos y occidentales en general. El aliado de Assad, el mencionado cabecilla Hasán Nasralah, lleva amenazando a Estados Unidos, Israel y Occidente desde hace muchos años ¿Un misil inteligente contra asesinos dementes solucionaría el problema? Pregunto, solo pregunto. La respuesta no está en mis manos.

En este espantoso desierto del islamismo las serpientes y los escorpiones campan a sus anchas protegidos, por el oso del norte. Una extensión árida envenenada por los arsenales de Assad de material de guerra química, que ya le ha causado un primer disgusto. El uso prohibido internacionalmente de armamento de guerra químico, usado reiteradamente por Assad contra sus opositores políticos e indefensa población civil, ha sido la última gota que ha llenado su vaso de veneno. Un vaso que se ha roto bajo la supervisión del águila norteamericana, que todo lo ve con su inigualable visión desde las grandes y distantes alturas. Un águila que también ha tenido que adaptarse tanto a los peligrosos desiertos como a las cumbres borrascosas, por las que sabe transitar.

El águila del norte ha sabido dirigir a sus aliados, con una misma capacidad de visión diurna y nocturna, para que sobrevuelen y destruyan las guaridas, léase arsenales de armas químicas, que Assad y sus aliados iraníes tienen en toda Siria ¿Serán las armas químicas que Assad ha empleado, en su penúltimo ataque a la humanidad, las que Sadam Husein llevó de Irak a Siria en secreto? En otras palabras ¿Están escondidas en Siria las armas químicas de Sadam Husein? Pregunto, solo pregunto. No hay nada oculto que no salga a la luz tarde o temprano.

Las respuestas las dará el tiempo, un servidor no va a hacer de profeta, pero no hay que ser muy inteligente, para saber que esto acabará mal. El envenenamiento de la tierra con la masiva quema de neumáticos, por parte de Hamás en Gaza, traerá muchas muertes entre su propia población aparte de la consabida contaminación ambiental. El envenenamiento ecológico será un problema oncológico, en poco tiempo. La victoria militar sobre Hamás no se puede hacer esperar. El veneno de Hamás ya ha llegado a la frontera de Israel y lo ha cruzado por medio de los túneles del terror, que sigue construyendo. Cuidado que en este desierto la muerte tiene el venenoso nombre, de Hamás.

Israel sabe históricamente lo que es andar por desiertos espantosos llenos de serpientes venenosas y escorpiones. El moderno Estado de Israel tiene el antídoto contra todo veneno y la capacidad de arrasar el desierto y sus ponzoñosos habitantes, para convertirlo en vergeles productivos de vida. En esta contaminante guerra los enemigos de la vida envenenan hasta su propia tierra. La diferencia es absoluta con Israel que convierte los desiertos en bellos jardines y extensiones agrícolas, para el disfrute y la bendición de todos los seres humanos. En la vida o se destruye o se construye e Israel ha elegido construir, regenerar y producir ¿Al lado de quién estás tú?

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